Entrenadores

Como vimos en el anterior artículo previo a la final, Ferguson tiene un mayor abanico de opciones para sorprender al rival con su planteamiento, más que por mayor número de jugadores "hábiles" -que también- por su singular flexibilidad táctica, que le permite disponer distintos módulos tácticos sin que se resientan los automatismos del equipo. Esta capacidad de seguir siendo competitivos indiferentemente de la disposición sobre el campo, será algo muy valioso para los ingleses en la final, pues en teoría, su planteamiento deberá partir de la inferioridad respecto al F.C.Barcelona Por eso, por ejemplo, lo normal será ver a Park en banda izquierda para trabajar defensivamente sobre Dani Alves, y no a un Ryan Giggs que sería desbordado por el lateral brasileño o a un Rooney demasiado sacrificado en defensa para lo importante de su producción ofensiva si el United quiere tener opciones de éxito. Así pues, como han hecho todos los rivales que se han enfrentado al Barça, el volante izquierdo estará más pendiente de defender a Alves -un hombre clave en el juego del Barça tanto a la hora de dar amplitud al ataque como de generar superioridad numérica en el centro del campo- que de atacarle. Es cierto que Alves es un lateral que en sus subidas descuida su espalda, pero su aportación ofensiva es de tal magnitud que ningún entrenador puede permitirse liberarlo para fijar a su espalda al extremo. No obstante, los enfrentamientos contra el Madrid han abierto una posibilidad. En la final de Copa Ronaldo, desde la posición de 9, castigó la espalda de los laterales para abrir a los centrales y habilitar la segunda línea y eso penalizó notablemente al Barça durante la primera parte. En la ida de Champions, pues, Guardiola se vio obligado a anclar a Alves e impedirle sus habituales alegrías ofensivas con el objetivo de controlar estas situaciones. Sin embargo, sucedió entonces que Di Maria, obligado hasta entonces a defender, fue invitado a atacar, y como tanto Alves como Di Maria atacan mejor que defienden, fue el jugador merengue el que sacó ventajas del emparejamiento. En el día que más conservador se mostró Alves, más problemas generó el Madrid por su costado.

El próximo día 28, F.C.Barcelona y Manchester United reeditarán la final de Roma en la que, con su victoria, el Barça de Guardiola coronó una temporada perfecta. Que se repita una final apenas dos temporadas después, puede ser catalogado como una curiosidad producto del azar, pero en este caso, nos habla de los dos conjuntos que han ejercido su dominio en Europa durante los últimos años. En las últimas seis ediciones de la Champions League, acumulan tres presencias en la final cada uno, y en semifinales, cinco el Barça por cuatro el United. Teniendo tan cerca el precedente de Roma, pues, a la hora de analizar la final podría existir la tentación de coger a aquel United como referencia, pero sería un error. Es cierto que, como el Barça, el United tiene el sello distintivo que le da la presencia de Ferguson en el banquillo, pero el funcionamiento colectivo del equipo de 2009 es distinto al del 2011. La razón principal, el cambio de jugador franquicia, del hombre que define el comportamiento del colectivo y al servicio del cual se ponen el resto de compañeros. Entonces ese hombre era el hoy madridista Cristiano Ronaldo, mientras que actualmente ese rol pertenece a Wayne Rooney. Dos jugadores distintos, y por lo tanto, distintos serán también los equipos que comandan.

Ya antes de los dos goles de Messi, con el 0-0 en el marcador, Ramos sancionado para el partido de vuelta y tras la epxulsión de Pepe por su entrada sobre Dani Alves, la clasificación para la final de Wembley se ponía muy de cara para los de Guardiola. Sin dos hombres clave para entender el éxito de los de Mourinho en la final de Copa como Khedira y Pepe, vitales en la presión a la que sometieron los blancos al centro del campo del Barça, y sin la presencia de Sergio Ramos, que más allá de sus condiciones defensivas, implica la entrada en el once de un jugador de menos nivel como Albiol que puede convertirse en el punto débil del planteamiento del Madrid, el Barça parece tenerlo todo a favor para volver a Wembley a disputar una final de la máxima competición continental. No obstante, y pese a las bajas, el Madrid es un equipo perfectamente capaz de marcar dos goles a cualquiera, y sin ir más lejos, los lanzamientos de falta de Cristiano Ronaldo o la superioridad en los balones aéreos de hombres como Ronaldo, Albiol, Carvalho o Adebayor, pueden dar réditos al equipo sin necesidad de imponer su fútbol. Si a eso sumamos la posibilidad de juntar en el campo a hombres como Casillas, Marcelo, Xabi Alonso, Özil, Ronaldo, Kaka o Di María, resulta evidente que el Barça no puede dar, ni mucho menos, la semifinal por resuelta.

Tras verse la caras en los dos torneos nacionales, llega el momento de que Madrid y Barça se enfrenten en la máxima competición continental, en una histórica semifinal del la cual saldrá el máximo favorito de cara a la gran final en Wembley. El Madrid cuenta a su favor con el rédito emocional logrado en los dos enfrentamientos anteriores, sobretodo en la final de Copa, de los que sale con la sensación que aquel Barça del 5-0 ya no es invencible. En el lado culé, la siempre importante ventaja del partido de vuelta en casa. Equiparados en el aspecto mental del juego, el partido se traslada a lo futbolístico, donde ambos conjuntos han demostrado ser, hoy por hoy, los dos mejores equipo del mundo. Ambos contarán con alguna ausencia notable en la parcela defensiva, donde, de los teóricos onces titulares, ni el sancionado Carvalho ni Abidal podrán saltar al césped. Si parece que estará Puyol, vital, no solo por todo lo que aporta el capitán, sino porqué sin Adriano ni Maxwell, Guardiola se hubiese visto obligado a improvisar con Busquets, Keita o Milito. En la final de Copa, la ausencia de Puyol la cubrió Mascherano, quien firmó una buena actuación, con alguna laguna comprensible en la lectura de la demarcación, pero suplida por unos conceptos tácticos y técnicos en defensa casi perfectos. Con la vuelta de Puyol y ante la ausencia de un lateral izquierdo natural, se abre, pues, la incógnita de quien será el encargado de ocupar la posición.

En el partido de Liga, el Real Madrid, de la mano del planteamiento de Mourinho, logró maniatar al juego del Barça. No obstante, es de esperar que de cara al partido de mañana, Guardiola haya encontrado solución a algunos de los problemas del equipo en el Bernabéu y además cuenta con una calidad individual tal, que es capaz de hacer saltar por los aires cualquier estrategia defensiva rival -aunque la presencia de Pinto en lugar de Valdés, pueda pesar, sobretodo, a la hora de iniciar el juego-. Ahí estará, también, la carta Iniesta, a la cual, entendemos, no supo sacar provecho en el partido del sábado. Por eso, jugar a "contener" al Barça siempre es arriesgado. Cedes la iniciativa a los azulgranas, entendiendo tu juego como una reacción y quedando a la expectativa de la inspiración de los culés. Así pues, Mourinho deberá plantearse también, o en todo caso tenerlo presente como recurso dependiendo del transcurso de la final, la manera de dañar al Barça. Más allá de sus siempre peligrosas contras o de su superioridad a balón parado, el Madrid deberá tener un plan para que, con su juego, impida al Barça desplegar su discurso cómodamente. Y al Barça, como se le hace daño es con el balón. No hablamos de robarle el dominio de la posesión, pues eso es algo imposible para cualquier equipo del mundo, pero si de condicionar con el esférico.

El partido de Liga en el Bernabéu nos deparó una propuesta novedosa de Mourinho para hacer frente al Barça de Guardiola. Como hiciera ante el Athletic, aunque con unas funciones muy distintas, Pepe se situó por delante de los centrales. Mou no solo sumaba un hombre más al centro del campo y una marca agresiva sobre la posición de Leo Messi, sino que permitía al Madrid un menor sufrimiento cuando no tenía el balón. Khedira y Alonso sobre Iniesta y Xavi respectivamente, y Pepe trabajando la "zona Messi" para expulsar al Barça de la zona de tres cuartos de campo. Con unos Villa y Pedro que no intimidaron los suficiente la espalda de la zaga blanca, ésta pudo jugar adelantada, minimizando los espacios entre líneas y permitiendo que el partido se jugase más lejos de la portería de Casillas de lo que el Barça hubiera deseado.

Una de las dudas acerca del planteamiento del Barça a lo largo de los tres próximos partidos frente al Real Madrid, es la posición final que ocuparán en el esquema de Guardiola tanto Sergio Busquets como Mascherano. La baja por sanción del argentino en Liga, además, contribuye a que la incógnita siga en el aire, y la reciente alta médica del capitán Puyol añade una nueva variable a la ecuación. El dilema de Pep es decidir el acompañante de Gerard Piqué en el centro de la zaga, posición en la que, tras las lesiones de Puyol y Abidal, el técnico ya ha probado a ambos mediocentros. Cada uno con características diferentes, la alineación de uno como central implica que el otro ocupe la demarcación de mediocentro, por lo que el análisis de las opciones de Guardiola adquiere una dimensión más general.

Una de las claves que explican la superioridad del Barça en el 5-o de la primera vuelta en el Camp Nou, es la desigualdad numérica en zona de medios. Ya mencionamos en el anterior post las repercusiones del juego de Messi sobre Xabi Alonso, por lo que en éste lo haremos sobre uno de los futbolistas más importantes del actual Barça y un problema de difícil solución para Mourinho: Dani Alves. En el Camp Nou, sabiendo de que la superioridad en mediocampo de los hombres del Barça, podía dejar el partido en franca ventaja para los culés, Mourinho optó por cambiar la posición de su hombre "comodín", Di María, a quien no solo cambió de banda sino que situó más retrasado de lo habitual. Más interior que extremo, el argentino tenía que completar con Alonso, Khedira y Ozil, un rombo que igualara fuerzas con el Busquets-Xavi-Iniesta-Messi. No obstante, la función de Di Maria estuvo más centrada en perseguir por la banda a Dani Alves, hasta el punto que en muchos momentos del partido, los blancos parecían dibujar una línea de cinco atrás. La media volvía a estar en inferioridad, y el triángulo Piqué-Busquets-Xavi comandaba a placer la fase inicial del juego del F.C.Barcelona.

A la espera de que el Real Madrid certifique su pase a semifinales haciendo valer el 4-0 de la ida ante el Tottenham, el mundo del fútbol se prepara para un mes de abril en el que Barça y Madrid se enfrentarán hasta en cuatro ocasiones. Como es normal, tratándose de competiciones distintas, los choques no tendrán la misma importancia, de modo que este particular Play-off que disputarán los dos grandes del fútbol español, vivirá un crescendo que se iniciará en Liga donde la ventaja de los azulgranas es notable, pasará por la disputa de un título como la Copa del Rey, y desembocará en la gran batalla por lograr una plaza en la final de la Champions League que se disputará en Londres. Por eso, es de prever que tanto Mourinho como Guardiola mantengan abierta alguna de las dudas acerca de sus planteamientos, al menos, hasta la final de Copa. De entrada, en el Barça, la ausencia por sanción de Mascherano nos privará de resolver la que seguramente sea la principal incógnita del plan culé: la posición del argentino y Sergio Busquets. Aunque el sábado Guardiola supla al Jefecito con Milito como central o Keita en el mediocentro, para los otros tres partidos esperamos que Busquets y Mascherano se repartan el mediocentro y la plaza de central que las bajas de Abidal y Puyol han dejado huérfana. En el Madrid, la posición de Di María, la presencia en el centro del campo de Lass Diarra o la posibilidad de que Arbeloa entre en el lateral izquierda para dar al equipo una mayor seguridad defensiva, son aspectos que tampoco esperamos resolver en el partido de Liga.