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Xavi

Cuando llegan los malos resultados la crítica no se hace esperar. Si además hablamos de un equipo como el Barça de Guardiola en el que el entorno resta títulos no alcanzados en lugar de sumar los logros, es fácil perder la perspectiva. Aceptemos que para el F.C.Barcelona la Liga se ha puesto muy difícil. Siete puntos, por mucho que la segunda vuelta guarde un Barça-Madrid en el Camp Nou, parece una distancia más que considerable ante la facilidad del Madrid de Mourinho de sumar de tres en tres. Pero más allá de los fríos números, el Barça no parece ofrecer las garantías de que, si el Madrid pierde esos siete puntos, él vaya a ganarlo todo. Ahí no hablamos de resultados, hablamos de fútbol, del juego. Cuando, una vez superada la crítica resultadista que sube y baja a los altares jugadores, propuestas o decisiones en función de la arbitrariedad de un resultado final, uno pretende analizar las causas futbolísticas que expliquen una determinada realidad del equipo, existe un segundo peligro. Se trata del peligro de perder de vista a los verdaderos protagonistas, los jugadores, y de entre éstos, aunque mencionarlo pueda parecer una ridícula obviedad, los mejores. Es cierto y evidente que hay decisiones que pueden ser más problema que solución -como situar a Xavi por delante del balón ante el Villarreal, como hiciera en el pasado Mundial el seleccionador Vicente del Bosque-, o que contar con Iniesta, Di María o Neymar, dará más opciones al equipo que hacerlo con Keita, Adriano o Dani Alves actuando en la posición de extremo. Pero no es menos cierto que en un contexto favorable, esos jugadores han demostrado funcionar. En esos contextos que posibilitan los grandes jugadores.

Si en el partido de Liga al Madrid le castigó el hecho de salir a jugarle al Barça de tú a tú, sin plantear el partido como respuesta a los azulgranas y sin atender a la inevitable sentencia a jugar sin el balón a que el equipo de Guardiola somete a todos sus rivales, esta vez Mourinho optó por su cara más conservadora. Sobrevivir al rival y tratar de aprovechar alguna de las oportunidades que brindara el choque. Ya quedaría la vuelta para tratar de llevarse la eliminatoria. La idea es simple: al Barça es más probable superarlo a partido único que a dos partidos, por lo que llevar la eliminatoria a eso no hubiese sido una mala noticia. Reforzar la media con un trivote en el que se incrustaba Pepe, Altintop en el lateral para mantener a Lass en la media, Coentrao para desterrar las imprevisibles concesiones defensivas de Marcelo y arriba la entrada de Higuaín para sumar ese gol "de la nada" que pudiese poner en ventaja al Madrid en la eliminatoria. Todo movimientos que supeditaban la transición ofensiva a la defensiva. Decisiones, cada una de ellas, que ponía un nuevo palo en las ruedas del Madrid a la hora de construir juego, pero que a cambio le permitían un planteamiento y unos nombres, a priori, más eficaces para defenderse del Barça. Mourinho no planteó el partido a discutirle el discurso del partido al Barça, sino a sobrevivir a él. También Guardiola jugó con el formato de la competición, sabiendo que con la vuelta en el Camp Nou, saliendo con un marcador ajustado del feudo blanco, su equipo lo tendría todo de cara para plantarse en semifinales. Así pues Pep volvió a la defensa de cuatro -aunque a lo largo de este texto haremos alguna consideración al respecto importante para analizar el partido- y devolvió el timón a Xavi. Horizontalidad por encima de verticalidad, limitar el intercambio de golpes, menos ataques pero más largos. Defenderse mientras se ataca, que no defenderse atacando.

En el partido de Liga en el Bernabéu, tras el gol de Benzema, el Barça basó gran parte de la remontada en el cambio al 1-3-4-3. Salida limpia, superioridad en la media y amplitud con dos hombres abiertos a banda. No obstante, tratándose del partido de ida de la eliminatoria, y teniendo la vuelta con el Camp Nou como escenario donde decidir, es probable que Guardiola opte por la defensa de cuatro, bien con Alves como lateral, bien con el brasileño como teórico extremo y Busquets en el centro de la zaga junto a Piqué. En base a esta idea de salir con un planteamiento más conservador -siempre desde el dominio de la posesión- tal como hiciera en ida de las semifinales de Champions del pasado año, hay algunas consideraciones respecto a la posición y rol de Cesc que podríamos hacer. En el partido de Liga, el plan de Guardiola fue abrir el sistema defensivo del Madrid acostando a Messi e Iniesta a cada una de las bandas. La defensa blanca la pasada temporada se había basado en la defensa del carril central, por lo que con esta decisión, Pep obligaba a los de Mourinho a defender todo el ancho del campo. Arriba, como nueve, un Alexis Sánchez estirando hacia atrás a la zaga blanca. Guardiola dibujó a un Madrid abierto y estirado, o lo que es lo mismo, brindó espacios a sus interiores por el centro. Ese día fueron Xavi y Cesc, y contrariamente a lo que sucediera con anterioridad, fue el de Arenys quien determinó el ritmo del juego azulgrana. Mayor intensidad, enorme profundidad y velocidad en las transiciones. En definitiva, un ritmo mucho más alto y menos pausado que cuando Xavi es quien gobierna. 

Como vimos en el post de ayer, esta temporada Mourinho ha construido un equipo para mandar desde la posesión. Ya la temporada pasada el conjunto blanco acostumbraba a tener más posesión que sus rivales. Sucede, no obstante, que en sus enfrentamientos contra el F.C.Barcelona, el Madrid se ve obligado a desnaturalizar su juego, ya que cuando juegan los azulgranas, el balón siempre es propiedad de éstos. El rival podrá alargar más o menos sus fases con balón, pero el dominio de la posesión, si los azulgranas rallan a un nivel normal, será del Barça. Eso no quiere decir que forzosamente el Barça deba dominar el partido, pues el rival tiene la oportunidad de imponerse desde el juego sin balón, lo que sucede es que, como en su día hicieron -cada uno a su nivel- Arsenal, Villarreal o Shakhtar , el Madrid no tendrá más remedio que mutar a algo distinto a lo que viene siendo esta temporada. Mismos principios generales, reproducción de algunos de los automatismos básicos en el juego y la mayoría de jugadores habituales, pero una premisa distinta, el balón será del Barça.

Como ya sucediera la pasada temporada desde que Esteban Vigo con el Hércules en el Camp Nou derrotara al equipo de Guardiola, los rivales del Barça, este curso, vuelven a emplear la estrategia de regalarle las bandas. El azulgrana no es un equipo de centros desde el costado buscando a un nueve poderoso en el juego aéreo. Salvo Keita, apenas tiene jugadores capaces de imponerse por alto en el interior del área. Además, sus hombres clave se concentran en el carril central desde que Messi centrara su posición para que su influencia sea mayor, por lo que regalando las bandas, los rivales pueden acumular sus esfuerzos en defender el zona central. Seguro que Guardiola tenia eso en mente cuando planificó el fichaje de Alexis Sánchez, pero el chileno vio frenada su adaptación al equipo por la lesión que sufrió ante la Real Sociedad en Anoeta.

La vuelta del 4:

Hasta ahora, en las tres alternativas que hemos analizado buscando el espacio que Guardiola puede tener reservado para Cesc Fábregas, para dar entrada al de Arenys hemos prescindido, primero, de uno de los extremos -bien para adelantar a Iniesta, bien para formar un rombo en la medular- y en la última entrega, de uno de los cuatro defensas para pasar al esquema 1-3-4-3. La primera opción tiene en contra que implicaría la suplencia de hasta dos delanteros de la envergadura de Villa, Pedro o Alexis Sánchez, mientras que la segunda, arroja la duda competitiva sobre la defensa de tres y sobre la presencia de Dani Alves en ella -y su aprovechamiento-, ante rivales de la máxima exigencia. En esta última entrega, pues, plantearemos la que para nosotros fue la primera intuición cuando allá por 2010 Cesc empezó a ser una posibilidad que sonaba con fuerza: la evolución de la figura del mediocentro en el Barça de Guardiola.

Sorprendió Guardiola repitiendo el mismo 1-3-4-3 que ante Osasuna, con las únicas novedades de Keita por Thiago y Pedro por Villa en el extremo. También sorprendió a Emery, que había planteado un doble lateral izquierdo, como casi siempre que se mide al Barça de Guardiola, para tapar las subidas de Dani Alves. No obstante, lo que debía ser una medida defensiva, se convirtió durante la primera mitad en la principal amenaza ofensiva del Valencia.  Una y otra vez Alba y Mathieu atacaron en superioridad a Mascherano, obligando a la basculación de la zaga de tres y descubriendo las entradas al segundo palo.

Con el permiso de la llegada del Kun al Manchester City, el fichaje de Cesc Fábregas por el Barça ha sido el movimiento más importante del verano. Con su contratación, el F.C.Barcelona suma al actual campeón de Europa, uno de los candidatos a ser considerado el jugador más importante de la Premier League. Por si fuera poco, se trata de un futbolista formado en la filosofía futbolística culé, que casa a la perfección en el proyecto. Cuando hablamos de jugadores de esta envergadura, resulta obvio que su llegada influirá en el equipo de muchas maneras. No sólo Cesc se amoldará al equipo, sino que el juego del Barça también se adaptará al jugador, ya que esto le permitirá ser más fuerte. Las formas en las que Cesc puede encajar en el equipo de Guardiola, y sólo el paso de las jornadas nos descubrirá los planes de Pep respecto al jugador. Mientras tanto, podemos aventurarnos a plantear las diferentes opciones de que dispondrá el técnico y a esbozar las líneas básicas sobre la influencia y el papel de Cesc en cada una de ellas. Así pues, dedicaremos una serie de posts a analizar estas alternativas.

Junto a la nueva ubicación de Messi como falso nueve, la temporada empezó con otra importante novedad en el esquema de Guardiola, que el técnico ya había tratado de poner en práctica en anteriores ocasiones. Se trataba de la salida desde la defensa abriendo a los centrales, mandando a los laterales arriba y retrasando la posición del mediocentro hasta asumir prácticamente el papel del clásico líbero. Este mecanismo, generalmente asociado a la figura del entrenador argentino Ricardo La Volpe, fue utilizado por primera vez por el técnico de Santpedor en su primera temporada al frente del primer equipo del Barcelona, tras la lesión que impidió a Rafa Márquez disputar el tramo final de temporada. Hasta entonces, el equipo había venido jugando habitualmente con dos centrales como el mexicano y Gerard Piqué que destacaban a la hora de sacar limpio el balón desde la defensa, por lo que sin Márquez, y ante la entrada en el once de un central menos dotado en este aspecto como Puyol, Guardiola buscó una solución para potenciar una fase del juego vital para el estilo de juego que pretende desarrollar el equipo.

La que algunos denominaron como la final de la década, fue finiquitada con solvencia por un equipo que es ya eterno, de leyenda. Hablar con esta contundencia del desarrollo de una final de Champions League, del partido cumbre de la seguramente competición más potente del planeta, puede parecer presuntuoso, pero la realidad es que el Barça logró empequeñecer a un rival, que ante cualquier otro equipo -a excepción quizá del Real Madrid- hubiese partido como favorito de la final. No hablamos de un equipo bien intencionado, con algunas gotas de calidad en determinados jugadores y con un entrenador notable. Hablamos del animal competitivo que supone el Manchester United de Sir Alex Ferguson, uno de los tres mejores equipos de Europa y uno de los máximos dominadores del fútbol continental en los últimos años. Pero es que ante este Barça de Guardiola, si el equipo catalán logra imponer su discurso,  muy poco pueden hacer los rivales, y para colmo, seguramente no haya habido en la historia otro conjunto con más armas para lograr ese fin: dominar el partido. El objetivo de los rivales es el de entorpecer su juego y evitar que el Barça despegue, porque si lo hace, se relativiza, por ejemplo, la importancia de tener una pareja de delanteros de la magnitud de la formada por Chicharito y Rooney, que en la final, entre ambos, solo dispararon en una ocasión entre los tres palos, la jugada del gol.