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R.Madrid

Cuando todos los hombres de atrás quedan retratados, es evidente que el problema está en otro sitio. El Barça es un equipo que se define por su ataque, siempre. De lo que suceda delante dependerá lo que sucede detrás. Eso no quita para que puedan señalares problemas evidentes en la retaguardia, pero nos sirve para atinar en dónde poner el foco. Más importante que cuanto balón tienes es el dónde lo tienes. Durante el primer tiempo, la posesión del Barça se localizó prácticamente en el circulo central. Antaño, los circuitos de posesión se asentaban en las frontales rivales, mientras que en la primera mitad se desarrollaron prácticamente en la medular. El Madrid, como se esperaba, salió presionando arriba, acompañando ese comportamiento con la línea defensiva adelantada que permitía la vuelta de Pepe. Líneas juntas y arriba. Dificultades para el Barça para iniciar y desaparición de los espacios a la espalda de mediocentros donde la recepción de Messi es el recurso más poderoso del equipo. Vilanova no utilizó la alternativa de situar en punta a Alexis para empujar hacía atrás a la línea blanca, y mientras estuvo en el terreno de juego ocupó la banda derecha.

Más allá de que ambos conjuntos aún están prácticamente en pretemporada, uno de los factores que marcó la previa del partido de ida fue la ausencia de Pepe. Desde que Mourinho está en el banquillo del Madrid, gran parte de los Barça-Madrid podría explicarse a partir del emparejamiento entre el portugués y Leo Messi. Sin Pepe en la ida, el Barça tomó la ventaja para levarse la Supercopa y a punto estuvo de sentenciarla. El marcador desfavorable y la vuelta de Pepe, provocarán que casi con total seguridad el Madrid adelante líneas para plantear la presión adelantada. El Barça ya no es aquel equipo indefendible en el inicio de la jugada, y los atacantes del Madrid, a la contra, son demoledores. 

Ni Barça ni Madrid están listos, todavía, para una noche de la máxima exigencia. Algo normal si estamos a 24 de agosto. El equipo de Tito, eso sí, llegaba un punto -o dos- por encima del Madrid en puesta a punto lo que se tradujo en superioridad culé durante los primeros 45 minutos. El Madrid, que llegaba peor físicamente, sin Pepe se vio obligado a situar su línea defensiva más retrasada, por lo que, para no regalar espacios entre líneas a Messi e Iniesta, juntó todas sus líneas más cerca de Casillas de lo habitual. No fueron pocos los minutos en que los blancos situaban a sus once futbolistas en campo propio.

Hay dos circunstancias en las que visualizar el próximo partido se convierte en especialmente difícil para un entrenador: el inicio de temporada y cuando el rival estrena técnico. Por esto, tanto en el planteamiento de Mourinho como en el de Vilanova, pesará más lo propio que lo ajeno, sin dejar de lado, eso si, el pasado reciente de los duelos Barça-Madrid. Aún más complicado lo tiene el analista externo. Mourinho desconoce los planes de Tito pero sí sabe que quiere de su Madrid. Lo mismo ocurre con Vilanova. Nosotros, sin embargo, lo desconocemos prácticamente todo.

Demasiado difícil. Toda la temporada ha sido demasiado difícil para el Barça que en pocos tramos ha encontrado la fluidez, la comodidad el "que salga solo". Primer año de transición. Se apaga Xavi y el equipo crecerá en otra dirección. El objetivo ha sido seguir compitiendo en ese tránsito. El nivel extraordinario de la plantilla y del entrenador le han valido para estar vivo hasta el final en las tres competiciones, pero todo ha costado mucho, no sólo por el rival. Una dificultad que sobre el césped ha tenido su traducción más evidente en las pérdidas de balón. Anoche, otra vez, esas pérdidas de balón lastraron el juego del equipo, tanto en lo futbolístico como en lo anímico. 

Si en el partido de Liga al Madrid le castigó el hecho de salir a jugarle al Barça de tú a tú, sin plantear el partido como respuesta a los azulgranas y sin atender a la inevitable sentencia a jugar sin el balón a que el equipo de Guardiola somete a todos sus rivales, esta vez Mourinho optó por su cara más conservadora. Sobrevivir al rival y tratar de aprovechar alguna de las oportunidades que brindara el choque. Ya quedaría la vuelta para tratar de llevarse la eliminatoria. La idea es simple: al Barça es más probable superarlo a partido único que a dos partidos, por lo que llevar la eliminatoria a eso no hubiese sido una mala noticia. Reforzar la media con un trivote en el que se incrustaba Pepe, Altintop en el lateral para mantener a Lass en la media, Coentrao para desterrar las imprevisibles concesiones defensivas de Marcelo y arriba la entrada de Higuaín para sumar ese gol "de la nada" que pudiese poner en ventaja al Madrid en la eliminatoria. Todo movimientos que supeditaban la transición ofensiva a la defensiva. Decisiones, cada una de ellas, que ponía un nuevo palo en las ruedas del Madrid a la hora de construir juego, pero que a cambio le permitían un planteamiento y unos nombres, a priori, más eficaces para defenderse del Barça. Mourinho no planteó el partido a discutirle el discurso del partido al Barça, sino a sobrevivir a él. También Guardiola jugó con el formato de la competición, sabiendo que con la vuelta en el Camp Nou, saliendo con un marcador ajustado del feudo blanco, su equipo lo tendría todo de cara para plantarse en semifinales. Así pues Pep volvió a la defensa de cuatro -aunque a lo largo de este texto haremos alguna consideración al respecto importante para analizar el partido- y devolvió el timón a Xavi. Horizontalidad por encima de verticalidad, limitar el intercambio de golpes, menos ataques pero más largos. Defenderse mientras se ataca, que no defenderse atacando.

En el partido de Liga en el Bernabéu, tras el gol de Benzema, el Barça basó gran parte de la remontada en el cambio al 1-3-4-3. Salida limpia, superioridad en la media y amplitud con dos hombres abiertos a banda. No obstante, tratándose del partido de ida de la eliminatoria, y teniendo la vuelta con el Camp Nou como escenario donde decidir, es probable que Guardiola opte por la defensa de cuatro, bien con Alves como lateral, bien con el brasileño como teórico extremo y Busquets en el centro de la zaga junto a Piqué. En base a esta idea de salir con un planteamiento más conservador -siempre desde el dominio de la posesión- tal como hiciera en ida de las semifinales de Champions del pasado año, hay algunas consideraciones respecto a la posición y rol de Cesc que podríamos hacer. En el partido de Liga, el plan de Guardiola fue abrir el sistema defensivo del Madrid acostando a Messi e Iniesta a cada una de las bandas. La defensa blanca la pasada temporada se había basado en la defensa del carril central, por lo que con esta decisión, Pep obligaba a los de Mourinho a defender todo el ancho del campo. Arriba, como nueve, un Alexis Sánchez estirando hacia atrás a la zaga blanca. Guardiola dibujó a un Madrid abierto y estirado, o lo que es lo mismo, brindó espacios a sus interiores por el centro. Ese día fueron Xavi y Cesc, y contrariamente a lo que sucediera con anterioridad, fue el de Arenys quien determinó el ritmo del juego azulgrana. Mayor intensidad, enorme profundidad y velocidad en las transiciones. En definitiva, un ritmo mucho más alto y menos pausado que cuando Xavi es quien gobierna. 

Una de las sorpresas del clásico de Liga fue que Mourinho se mantuviera fiel al 1-4-2-3-1 que viene utilizando el Real Madrid, y no optase por reforzar la media con la incursión de un tercer centrocampista en un 1-4-3-3. El técnico portugués seguramente prefiriera reforzar la confianza del grupo al no plantear el choque como respuesta a su rival, pese a que con ello no tomara medidas ante un elemento clave para entender los enfrentamientos Madrid-Barça: el balón será de los azulgranas. De este modo, los merengues, encaran sus partidos contra los culés partiendo de un escenario distinto al que dibujan sus choques contra cualquier otro rival. Ante el Barça, el Madrid se ve forzado a desnaturalizarse. Mourinho buscó imponerse desde su discurso habitual, pero visto el resultado de entonces y el hecho de que ahora quedará un partido de vuelta en el que arriesgar si es preciso, apostaríamos porque esta vez sí, el técnico blanco piensa en introducir a un interior más.