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Iniesta

Con el permiso de la llegada del Kun al Manchester City, el fichaje de Cesc Fábregas por el Barça ha sido el movimiento más importante del verano. Con su contratación, el F.C.Barcelona suma al actual campeón de Europa, uno de los candidatos a ser considerado el jugador más importante de la Premier League. Por si fuera poco, se trata de un futbolista formado en la filosofía futbolística culé, que casa a la perfección en el proyecto. Cuando hablamos de jugadores de esta envergadura, resulta obvio que su llegada influirá en el equipo de muchas maneras. No sólo Cesc se amoldará al equipo, sino que el juego del Barça también se adaptará al jugador, ya que esto le permitirá ser más fuerte. Las formas en las que Cesc puede encajar en el equipo de Guardiola, y sólo el paso de las jornadas nos descubrirá los planes de Pep respecto al jugador. Mientras tanto, podemos aventurarnos a plantear las diferentes opciones de que dispondrá el técnico y a esbozar las líneas básicas sobre la influencia y el papel de Cesc en cada una de ellas. Así pues, dedicaremos una serie de posts a analizar estas alternativas.

La que algunos denominaron como la final de la década, fue finiquitada con solvencia por un equipo que es ya eterno, de leyenda. Hablar con esta contundencia del desarrollo de una final de Champions League, del partido cumbre de la seguramente competición más potente del planeta, puede parecer presuntuoso, pero la realidad es que el Barça logró empequeñecer a un rival, que ante cualquier otro equipo -a excepción quizá del Real Madrid- hubiese partido como favorito de la final. No hablamos de un equipo bien intencionado, con algunas gotas de calidad en determinados jugadores y con un entrenador notable. Hablamos del animal competitivo que supone el Manchester United de Sir Alex Ferguson, uno de los tres mejores equipos de Europa y uno de los máximos dominadores del fútbol continental en los últimos años. Pero es que ante este Barça de Guardiola, si el equipo catalán logra imponer su discurso,  muy poco pueden hacer los rivales, y para colmo, seguramente no haya habido en la historia otro conjunto con más armas para lograr ese fin: dominar el partido. El objetivo de los rivales es el de entorpecer su juego y evitar que el Barça despegue, porque si lo hace, se relativiza, por ejemplo, la importancia de tener una pareja de delanteros de la magnitud de la formada por Chicharito y Rooney, que en la final, entre ambos, solo dispararon en una ocasión entre los tres palos, la jugada del gol.

Mientras que por banda izquierda el United tendrá que amoldarse a la presencia en frente de un lateral como Dani Alves, la banda derecha pude ser la zona donde Ferguson busque una carta ganadora que le permita generar ventajas para dominar el discurso del partido. Tanto Abidal como Puyol están lejos de ser una de las principales armas ofensivas del Barça, por lo que ahí, el técnico escocés, tendrá más libertad para pensar más en atacar que en defenderse. Por eso, mientras que en la banda izquierda la alineación de Giggs podría resultar una imprudencia, jugando a banda cambiada -como en aquella histórica final en el Camp Nou ante el Bayern de Munich- el galés podría encontrar su posición y su razón de ser en el partido. Lejos del extremo punzante de antaño, el Giggs actual, para el Unietd, es pausa, visión de juego y creatividad, prácticamente un mediapunta. La banda ya no es su hábitat natural sino un punto de partida para tender al carril central. Así pues, el United puede encontrar en un Giggs "descansando" en banda derecha y transitando hacia la mediapunta, una solución para poblar la medular, atacar en superioridad la zona de Busquets, y dar la posibilidad a su equipo de mantener la posesión durante fases del juego más largas para que el Barça no viva cómodo. Sin embargo, lo lógico es esperar que la banda derecha inglesa sea para Valencia o para Nani. El primero con un juego más abierto que empieza y termina pegado a la cal, explotando su velocidad y verticalidad para percutir al contraataque, o el portugués para aumentar los recursos del equipo en ataque posicional y con una mayor tendencia a la diagonal. Con más o menos tiempo de posesión en las transiciones defensa-ataque, parece claro que el discurso del United será el contraataque. Para minimizar sus riesgos, pues, será vital para el Barça controlar las pérdidas de balón, tanto en cantidad como en calidad. El Barça no debe permitir la recuperación en fase inicial, con el equipo mal colocado para lanzarse a la presión y el rival desplegado para ejecutar fácilmente la contra. La pérdida azulgrana debe localizarse cerca de la portería de Van der Sar, con el mayor número de jugadores del United por detrás del esférico y los jugadores azulgranas formando una nube alrededor del balón que les permita bien recuperar rápidamente, bien ensuciar la contra inglesa.

Tras verse la caras en los dos torneos nacionales, llega el momento de que Madrid y Barça se enfrenten en la máxima competición continental, en una histórica semifinal del la cual saldrá el máximo favorito de cara a la gran final en Wembley. El Madrid cuenta a su favor con el rédito emocional logrado en los dos enfrentamientos anteriores, sobretodo en la final de Copa, de los que sale con la sensación que aquel Barça del 5-0 ya no es invencible. En el lado culé, la siempre importante ventaja del partido de vuelta en casa. Equiparados en el aspecto mental del juego, el partido se traslada a lo futbolístico, donde ambos conjuntos han demostrado ser, hoy por hoy, los dos mejores equipo del mundo. Ambos contarán con alguna ausencia notable en la parcela defensiva, donde, de los teóricos onces titulares, ni el sancionado Carvalho ni Abidal podrán saltar al césped. Si parece que estará Puyol, vital, no solo por todo lo que aporta el capitán, sino porqué sin Adriano ni Maxwell, Guardiola se hubiese visto obligado a improvisar con Busquets, Keita o Milito. En la final de Copa, la ausencia de Puyol la cubrió Mascherano, quien firmó una buena actuación, con alguna laguna comprensible en la lectura de la demarcación, pero suplida por unos conceptos tácticos y técnicos en defensa casi perfectos. Con la vuelta de Puyol y ante la ausencia de un lateral izquierdo natural, se abre, pues, la incógnita de quien será el encargado de ocupar la posición.

El partido de Liga en el Bernabéu nos deparó una propuesta novedosa de Mourinho para hacer frente al Barça de Guardiola. Como hiciera ante el Athletic, aunque con unas funciones muy distintas, Pepe se situó por delante de los centrales. Mou no solo sumaba un hombre más al centro del campo y una marca agresiva sobre la posición de Leo Messi, sino que permitía al Madrid un menor sufrimiento cuando no tenía el balón. Khedira y Alonso sobre Iniesta y Xavi respectivamente, y Pepe trabajando la "zona Messi" para expulsar al Barça de la zona de tres cuartos de campo. Con unos Villa y Pedro que no intimidaron los suficiente la espalda de la zaga blanca, ésta pudo jugar adelantada, minimizando los espacios entre líneas y permitiendo que el partido se jugase más lejos de la portería de Casillas de lo que el Barça hubiera deseado.

Tras una primera mitad de la temporada más o menos benévola con las lesiones, el aumento en las cargas de trabajo y el estrés por la derrota en el Emirates, han traído las lesiones de Víctor Valdés y Xavi. Dos bajas que si bien no se prevén demasiado duraderas, unidas a la ya conocida del capitán Puyol y, ante el Mallorca, a la de Dani Alves por acumulación de tarjetas, pueden poner en más de un aprieto al cuerpo técnico azulgrana a la hora de plantear las dos próximas salidas a Mallorca y Valencia. Si analizamos el papel que estos cuatro jugadores tienen en el equipo, nos daremos cuenta que todos ellos son hombres involucrados en la salida desde atrás. Puyol, en este sentido, quizá tenga un papel más secundario, pero Valdés, Alves y Xavi son, junto a Piqué, los hombres clave en esta fase del juego. El portero siendo el encargado de dar el primer pase de calidad, sin rifar el balón, para que el equipo salga tocando desde atrás, Alves como recurso para cuando el rival logra defender la salida por los centrales, y Xavi como el hombre que viene a recibir a la base de la jugada y organiza el ataque.

En nuestro primer análisis de lo que dio de si el Barça-Madrid del día 29 dejamos fuera del mismo a Xavi, Iniesta y Messi. Argumentamos que su extraordinaria actuación merecía un espacio propio, y qué mejor momento para dedicárselo que el día en que los tres han sido designados como los finalistas del próximo Balón de Oro. Este tipo de premios tienen el valor que tienen, que es poco, pero no deja de ser un gran motivo de orgullo que junto a los nombres históricos de Di Stefano, Best, Beckenbauer, Cruyff, Platini, Van Basten o Zidane, hoy estén los de los tres canteranos culés. Uno catalán, otro de Albacete y otro argentino, los tres de generaciones distintas, representan un estilo, una marca, una manera de entender el fútbol. Ni mejor ni peor que las demás, pero la propia del Barça. Y de la misma manera que no hay mejor manera de hablar del Barça-Madrid que refiriéndose a estos tres futbolistas, el mejor reconocimiento a Iniesta, Messi y Xavi, seguramente sea recordar su memorable actuación en el gran clásico del pasado lunes.

Junto a Messi, la clave ofensiva de Guardiola será Andrés Iniesta. Esta afirmación, obvia en cualquier análisis del juego del Barça, cobrará más razón si cabe en el partido del lunes, tanto por las características del Real Madrid como por la respuesta que puede plantear Guardiola para dañarle. Hemos visto en las entregas anteriores como el juego del equipo de Mourinho presumiblemente se basará en ataques directos y rápidos que se desarrollarán preferentemente por banda izquierda y que, en la medida de lo posible, buscarán armarse tras una recuperación que dibuje un Barça mal colocado. Tanto sus lanzadores -Marcelo y Xabi Alonso- como sus receptores -Ronaldo, Özil y Di María- localizan o tienden a decantar su juego en banda izquierda. Únicamente Higuaín y Ramos percuten por la derecha, pero el peso y efectividad de esta banda en los ataques merengues es mucho menor. Por eso, a la hora de controlar las contras blancas, junto a la imprescindible consigna de no perder balones en el inicio de la jugada o en el centro del campo que dejen al sistema defensivo culé mal organizado, el Barça, más que nunca, deberá mirar a su banda izquierda a la hora de atacar. Perder la posesión en banda derecha es facilitar la contra del Madrid, pues quedarían cerca de la pelota hombres como Marcelo, Xabi Alonso o Ronaldo. En cambio, decantando el juego sobre el perfil zurdo del ataque azulgrana, el equipo lograría retardar mucho la transición defensa-ataque de los de Mourinho. Así, tras recuperar el balón en su banda derecha, si el Madrid busca lanzar la contra rápida, ésta será menos efectiva, pues los hombres clave del equipo en transición ofensiva se sitúan en la orilla opuesta. Tanto la salida en corto -Marcelo- como en largo -Alonso- quedarán lejos. Si por el contrario prefiere hacer llegar el balón a banda izquierda para contragolpear mejor, aumentará la duración de sus taques y, por lo tanto, dará opción al Barça a recuperar posiciones defensivas.

Pese a perder en verano a sus dos piezas más importantes, el Valencia parece haber encontrado la fórmula para sobrevivir sin Villa ni Silva. Los dos internacionales fueron substituidos por otros nombres menos espectaculares pero que hasta la fecha están ofreciendo un buen rendimiento en el equipo de Unai Emery. Los Aduriz, Soldado, Ricardo Costa o Topal, pues, junto a los César, Bruno, Joaquín, Pablo o, el nuevo jugador franquicia, Mata, han posibilitado que en esta séptima jornada, el Valencia acuda al Camp Nou para defender su liderato. El nuevo Valencia de Unai Emery se organiza a partir de un 4-4-2 con la variante del 4-4-1-1, dependiendo de si el acompañante de Aduriz es Soldado o el 'Chori' Domínguez. Es un equipo al que le cuesta construir desde atrás si el rival presiona la salida por los centrales, por lo que la mayoría de jugadas terminan en un balón largo buscando la envergadura de Aduriz. Topal- más que Albelda- suele tratar de aportar soluciones a los problemas del equipo al inicio de la jugada, pero ya sea porque sus compañeros todavía no "se lo creen" o porque el plan inicial no es ese, el Valencia no acostumbra a sacar provecho de los intentos del internacional turco por suavizar la salida desde atrás.

Una de las máximas del fútbol, quizás la más cierta de todas, es que el fútbol es de los futbolistas. Por mucho que los entrenadores, directivos o afición puedan incidir en un equipo en momentos determinados, la materia prima, los encargados de decidir directamente sobre lo que sucede o no sobre el césped son los jugadores. Un entrenador puede teorizar largo y tendido, trazar con sus ayudantes el plan perfecto, controlar todos los factores que pueden afectar sobre él, pero finalmente lo que separa el éxito del fracaso es el acierto o el error del futbolista. Para poder controlar los distintos escenarios posibles, el deber de una secretaría técnica es trabajar para que la ausencia de un jugador repercuta lo menos posible en el equipo, aunque en el caso de algunos futbolistas esto no es posible. Así sucedió la temporada pasada con Andrés Iniesta, un jugador, que si bien a raíz del Mundial ha entrado en las quinielas del próximo Balón de Oro, no hay que olvidar que, con los números en la mano, debido a sus problemas de lesiones, no fue de los once jugadores del Barça con más minutos.