Análisis táctico

  Cuando se construyó, la Torre Eiffel fue el monumento más alto del mundo con más de 300 metros de altura. Ahora otros ostentan ese récord, pero la capital francesa sigue siendo una ciudad que obliga a mirar hacia arriba, ya sea por el gigante de Gustave Eiffel que sirvió de modelo recurrente al matrimonio Delaunay, por Montmartre o por la catedral de Notre Dame. También en el Parque de los Príncipes, el feudo del PSG. Seguramente el equipo parisino sea el más peligroso en el juego aéreo de todos los que siguen vivos en la Champions League.

Empezó con el 4-3-3 y ahora alterna dos variantes distintas del 4-4-2. La flexibilidad táctica de Ancelotti ya la conocíamos de Milán, pero es ahora, en París, donde quizás por lo germinal del proyecto, se manifiesta más radicalmente. Camaleónico, el PSG usa el traje que más le conviene en cada momento. Puede adoptar su cara más defensiva o su versión atacante, jugar por fuera o fortificar por dentro. Con un punta o dos. Doble pivote o mediocentro con dos interiores. Siempre, eso sí, con algunas premisas fijas.

Desde hace años, el Barça sabe que el día del adiós de Víctor Valdés tendrá un problema. Lo tienen todos los equipos que se ven obligados a sustituir a un jugador que no sólo se ha adueñado del puesto, sino que con sus características lo ha definido dentro del imaginario del club. Eso es, precisamente, lo que ha hecho Valdés durante los años en que ha defendido la portería azulgrana. Hoy, para casi todos, el canterano ejemplifica lo que debe ser el portero del Barça, y siguiendo esta línea,  el objetivo para substituirle será buscar al guardameta más parecido. Punto de partida erróneo. Cierto es que el encaje de Víctor en el Barça ha sido perfecto hasta el punto de parecer que el puesto se hizo a medida para él, pero el club debe localizar aquellos atributos verdaderamente esenciales. Aquellos que, más allá de la singularidad de cada jugador, sean indispensables en el modelo de juego que proponen los azulgranas.  En poco se parecen Jordi Alba y Abidal, pero ambos casan con la idea base. Como Márquez y Puyol, Pedro y Henry, o Iniesta y Luis Enrique. Por suerte para el club, las dos últimas temporadas de Valdés lo han puesto más fácil. Hoy se puede decir que es una debilidad, y eso lo hará más sencillo para el nuevo. Entrar en el lugar del Valdés 2010-11, no es lo mismo que hacerlo en el del actual. 

Ayer empezamos a hablar de Neymar. Analizado el jugador desde fuera, lo introducimos en un contexto Barça estudiando su posible relación con alguno de sus compañeros. Nos planteamos su compatibilidad con Leo Messi y su encaje con Cesc, Iniesta, Xavi o Thiago. Así, terminamos con la propuesta del 1-4-4-2 en rombo con Neymar y Messi arriba que sacrificaría a un delantero para dar cabida a un centrocampista más. En esta ocasión, sin embargo, permaneceremos en la línea más avanzada. Más allá de Messi, el Barça dispone de una nómina importante de atacantes, los cuales, en mayor o menor medida, también guardarán relación con la llegada del crack brasileño. El caso más evidente es el de Villa. Renacido de un tiempo a esta parte para el entorno, Neymar llegaría a ocupar su puesto tanto en el equipo como en la plantilla. Por salud de vestuario y volumen salarial, parece difícil que a Villa pueda reservársele un rol tan, a priori, secundario. Porque no nos engañemos, Villa está muy lejos de su mejor versión. Mantiene el gol, y lo tendrá hasta el día que cuelgue las botas, pero si su adaptación al juego azulgrana siempre ha sido un tanto problemática, ahora además suma un físico muy castigado. Termina contrato en 2014, y con 31 años y teniendo en cuenta su ficha, lo normal sería buscar una salida favorable a ambas partes este mismo verano.

Un año más, aunque la decisión de Valdés reparta focos de interés, todo apunta a que el nombre del verano en el F.C.Barcelona volverá a ser el de Neymar. Dominador en Brasil y estandarte de la canarinha el próximo año en su Mundial, el planeta fútbol aguarda una aparición en la Champions League que ya debería haberse dado. Neymar es ya, a día de hoy, uno de los futbolistas más importantes del planeta. Por mucho que no haya dado el salto a Europa. Eso con el brasileño no vale. La calidad la tiene y la acredita, donde antes la acreditaron algunos de los más grandes, en una liga y un continente que aún hoy es la principal cuna de talento futbolístico del mundo. Evidentemente su salto al viejo continente requerirá de un periodo de adaptación, y en este aspecto, el Barça como equipo y como club ofrece tranquilidad, pero también algún punto a valorar. A favor, que pocos entornos miman más el talento, al jugador especial, como el culé, y que pocos contextos futbolísticos hay más indicados para el jugador talentoso que la apuesta ofensiva y protagonista que desde Cruyff rige los pasos de los azulgranas. A nadie se le escapa que la cadena de astros brasileños que forman Romario, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho no es casual.

En medio de nuestro análisis sobre la composición de la línea defensiva del Barça para la próxima temporada, la actualidad culé nos trae las noticias de las bajas por lesión de Carles Puyol y Adriano. Más allá de centrarnos en las consecuencias en presente de estas dos ausencias -ya habrá tiempo para hacerlo a medida que se acerque la eliminatoria ante el P.S.G.- la situación de ambos zagueros es una buena oportunidad para una valoración en el marco del Barça 2013-14 que estos días estamos analizando.

Ya no se puede retrasar más. Toca mover ficha. Desde hace ya varias temporadas, el F.C.Barcelona arrastra la necesidad de fichar un defensa central. Han pasado los años y los movimientos equivocados o, directamente, la falta de ellos, han provocado que lo que en su día era adelantarse a futuros problemas y completar la posición, hoy sea el principal talón de Aquiles del equipo. El Barça actual puede tener problemas -muchos o pocos depende para quien- pero es indudable que su fragilidad defensiva es insostenible. Y aunque ésta tenga un componente colectivo evidente, a nivel individual el caso es preocupante. Todo empezó la temporada posterior al inolvidable triple de la primera campaña de Guardiola en el primer equipo. Con Márquez ausente en el tramo final de la anterior campaña, el técnico decidió apostar por Chygrynskiy para reforzar la demarcación e ir dando el relevo, progresivamente, a la ya veterana dupla de la final de París. La apuesta salió mal, pero eso, que podría haber terminado ahí, el club lo sigue arrastrando hoy en día. En el Barça se ha instalado la creencia de que no sirve ningún central. De que se requiere un perfil tan específico que el mejor de los centrales fracasará al enfundarse la azulgrana.

La remontada soñada tiene el primer gol bien pronto, al inicio de partido. El segundo, el que empata la eliminatoria, antes de llegar al descanso, tras salvarse de una ocasión clara del rival. El tercero, para ponerse en ventaja, a poco de comenzar el segundo tiempo. Es mejor el sufrimiento estando dentro que estando fuera. Y el cuarto, el que sella el pase, cuando apenas quedan unos segundos para que la adrenalina del abismo estalle en catarsis colectiva.

El equipo, el club y el entorno ya se han puesto a trabajar. Toca remontada. El clima, eso sí, está menos encendido y revolucionado que otras veces. Quizá por la experiencia negativa de las otras ocasiones en que se intentó, seguramente porque el momento actual del equipo tampoco invita al optimismo desbordado. Por eso, el cuerpo técnico debe comprender que el equipo no está, ni en lo futbolístico ni en lo anímico, para inventos radicales. Más que inventar, el objetivo será recuperar. Recuperar aquellos mecanismos que mejor han funcionado esta temporada. Esto como primera clave, como segunda, está el diseñar un equipo capaz de dar respuesta a los distintos escenarios que pueda plantear el rival. A día de hoy, aun nadie tiene claro si el Milan optará por encerrarse o repetirá presionando arriba. El resultado de la ida invita a pensar que lo primero, los últimos partidos del Barça que lo segundo. Los azulgranas deben saltar al césped del Camp Nou preparados para imponerse en ambas situaciones. 

Xavi, Cesc, Thiago e Iniesta. La nómina de interiores del F.C.Barcelona no tiene réplica en ningún equipo del mundo, y aún así, hay aspectos problemáticos que tratar. No todo se reduce a fichar, por mucho que una infancia -y juventud...- de videojuegos o el ruido mediático nos empujen a creerlo. Una vez le escuché a un entrenador de los de toda la vida -disculpad que no recuerde quién- que el buen técnico no es el que llega a un club diciendo "yo os puedo hacer campeones si me traéis a este, este y a ese de ahí" sino el que es capaz de hacer crecer un equipo con las piezas que le dan, mejorando la materia prima de que dispone. En el fútbol actual, planteamientos como este suenan a quimera, pero sirven para exponer que no todo está en los despachos, y que desde la libreta se pueden transformar jugadores. Ejemplos hay cientos en cada liga. "Xavi e Iniesta no pueden jugar juntos -como interiores, cabría añadir". Esta sentencia que hoy suena tan aberrante, fue dogma durante la etapa de Frank Rijkaard en el banquillo culé. No fueron pocos los que vieron con recelo las intenciones de Guardiola de juntarlos en la medular de su Barça. Y lo cierto es que la afirmación no era falsa. Al menos en ese contexto. No se trataba de una hipótesis sino que era un razonamiento empírico. Cuando en el Barça de Rijkaard habían coincidido juntos los actuales 6 y 8, la fórmula no funcionaba.