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Pedro

En uno de los picos de mayor esplendor del Barça de los últimos años, alguien definió al equipo de Guardiola como la mezcla perfecta entre el 'Dream Team' de Cruyff  y el Milan de Sacchi, a la que además, se le había sumado el mejor Maradona. Más tarde se cayó el 'Dream Team' (el juego con balón) y con él el Milan de Sacchi (el juego sin balón), y ya sólo quedó el crack argentino. Hubo un momento en el que Messi solo era mejor que cualquier otro equipo. Quizá aún lo sea. Da miedo ser conscientes que con Leo al 100%, como mínimo, se habría igualado muy mucho una eliminatoria que sin él ha terminado 7-0. Todos recordamos lo que pasó en cuartos, donde Messi, en diez minutos, lesionado y andando, eliminó al París Saint Germain y consiguió lo que nadie más en toda la temporada: sacar a Thiago Silva del área.

Fue en 2011 y duró poco. Tras cuatro clásicos seguidos contra el Madrid de Mourinho que sirvieron a Guardiola como el contrapunto más duro. Frente a los blancos fue recurso, y en la final ante el United plan principal. En Wembley, para enfrentar a los diablos rojos de Ferguson, Pep intercambió la posición de sus extremos. Pedro, que habitualmente formaba en banda derecha desde donde aportaba ventajas en la frontal no suficientemente valoradas, pasaba a abrirse a la izquierda para, estirando al lateral derecho rival hacia la cal, generarle el aclarado a Iniesta por dentro. David Villa, por su parte, que se había pasado la temporada buscando la diagonal hacia el gol desde banda izquierda, se situaba en banda derecha, perfil en el que la presencia continua de Alves en ataque, le permitía olvidarse de la amplitud y centrarse en el área. Terminada la 2010-11 con el glorioso doblete rubricado en Wembley, este planteamiento quedó apartado.

Temporada 2010-11. Jornada 13. Barça-Real Madrid: 5-0 

Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Messi y Villa.
Posiblemente sea el punto más alto al que haya llegado nunca un equipo de fútbol. Para salirse de la norma fue un lunes, y no ante un rival cualquiera, sino ante el Real Madrid de Mourinho. Aquel fue el primer Barça-Madrid de Mou, y seguramente supuso el inicio del duelo más brutal que conoce la historia de este deporte. Podría decirse que al Barça todo le salió bien, pero es que además se vio favorecido por un bagaje anímico previo que estalló por los aires cuando Messi, al inicio del partido, en una jugada imposible, mandó el balón al palo a la salida de un córner. El Madrid llegaba con el recuerdo del 2 a 6, de los aplausos a Ronaldinho, de Calderón, Juande Ramos y Schuster, de dos ligas ganadas que todo el munido sintió que las perdió el Barça… no lo sentían como un duelo de igual a igual, y sólo les faltaba esa jugada de Messi, su particular pesadilla.

 
3- Pedro + Alexis:
Es evidente que el partido de esta noche viene marcado por las ausencias en el Madrid. No estará Casillas, ni Di María, ni la pareja Ramos-Pepe, ni Coentrao. Quien si estará es Marcelo, pero llega más que justo. Con Coentrao disponible no habría dudas. Tampoco sin el rival fuera otro. Pero Mourinho tiene lo que tiene y jugársela ahí con Essien parece demasiado temerario teniendo en cuenta los acompañantes que tendrá. En el ataque azulgrana, todas las miradas estarán puestas en Messi y la efervescente banda izquierda de Alba, Cesc e Iniesta. También el sistema defensivo blanco. Por eso, en la posición del maltrecho lateral brasileño, al Barça se le abre una nueva posibilidad de desequilibrio. 

Temporada 2010-11. Final de la Champions League. Barça-Manchester United: 3-1
Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Messi y Villa.
Quizá, las dos finales de Champions que ha disputado, sean los dos mejores partidos en la carrera del Leo Messi. La primera, en Roma, fue la de la sorpresa por su ubicación en el centro. En la segunda, ahora en Wembley, todos lo esperábamos ahí, y aún así, comandó al Barça para convertirte en uno de los campeones más indiscutibles que se recuerdan. El Barça de Guardiola fue un equipo de finales. No es habitual que entre las mejores actuaciones de un equipo se cuenten tantas grandes finales. Citas en las que la igualdad entre oponentes, el conservadurismo y la prudencia por el miedo a la derrota, la presión y la tensión, acostumbran a deparar choques con más activos emocionales que futbolísticos. No es este el caso. El Barça de Guardiola ganó y perdió finales, pero siempre las jugó bien. Habitualmente, mejor que nunca.

Anoche, Pedro Rodríguez fue el protagonista del Bielorrusia-España gracias a un hat-trick que viene a confirmarlo como uno de los jugadores con más gol de los que vienen contando para el seleccionador, sólo superado por el también barcelonista David Villa. Al canario siempre se le ha relacionado con la finalización y el gol, debido a unas excelente cifras realizadoras para un hombre de banda y al impacto de su primera temporada asentado en la élite. Tras una primera campaña alternando el filial y el primer equipo, que empezó con la previa de la Champions ante el Wisla de Cracovia y terminó con el premio de Roma, la consolidación de Pedro en la élite se produjo la temporada 2009-10.

Si algo se puede achacar a este inicio del proyecto Vilanova, y la mayoría estaríamos de acuerdo, es el poco aprovechamiento de los extremos. Su rol es secundario y prácticamente se limitan a fijarse en banda para abrir el campo. No se pretende potenciar sus virtudes, pues ninguno de ellos sobresale pegado a la cal, y es sintomático que el extremo que más rendimiento ha dado cumpliendo ese papel, haya sido Tello, el de un nivel menor de cuantos están a la disposición del técnico. Anoche, no obstante, durante la primera mitad, tanto Pedro como Alexis fueron las vías por las que el equipo encontró ventajas que le permitieron irse al descanso en ventaja. A nadie se le escapa que ayer, en el primer tiempo, el Barça pisó más área de lo que viene siendo habitual. Y es que tanto Pedro como Alexis desarrollaron un comportamiento distinto al mostrado hasta ahora.

Sin Iniesta lesionado y con Xavi partiendo desde el banquillo descansando tras varios partidos seguidos en sus tobillos, Vilanova optó por situar a Cesc y Thiago en los interiores. Una pareja interesante y estimulante que sin embargo naufragó. La prévia estuvo focalizada en el centro de la defensa. En Bartra y Song. Pero con el balón en marcha, la clave estuvo en la media; en los interiores, el perfil que cada uno ocupaba y en la pareja que ahí encontraban. Y si clave fueron los interiores titulares para explicar el partido, igualmente clave fue el interior que entró desde el banquillo, Xavi, y la pareja que le acompañó. Este post, pues, servirá para hablar de los tres binomios interior-extremo que pudimos ver en el césped del Camp Nou ante el Granada, y permitirá cuestionarnos, analizar y quizá anticiparnos a futuros movimientos.

Hasta el partido de anoche, los planteamientos de Vilanova tenían en la presencia de dos extremos abiertos, una premisa innegociable. No era un plan para toda la temporada sino algo circunstancial, pues ninguno de los extremos de que dispone Tito responden a la tipología de futbolista de cal. El partido del cambio llegó ayer, y los extremos, hasta ahora compañeros de la línea de banda, centraron su posición un par de metros. En este sentido, ya la disposición de inicio resultaba revelador. Pedro en la derecha y Alexis en la izquierda. El chileno habilitado para la diagonal hacia dentro y el canario, que curiosamente se fija más sobre la cal cuando juega en el perfil zurdo, libre para aparecer entre líneas.