F.C.Barcelona

La temporada, a nivel de clubs, termina. Y lo hace con una Final de Copa tremendamente atractiva. Finaliza el Barça de Pep Guardiola ante un Athletic de Bilbao que busca rubricar con un título una temporada histórica. Ambos conjuntos dejan atrás un período de éxitos, con la esperanza de reescribirlos la próxima temporada, pero ante el enigma del futuro. Además, el último partido de Guardiola será ante el maestro Bielsa. El escenario emocional, pues, será complejo. En este aspecto, para ambos equipos el título significa mucho. No obstante, ambos vienen de sendos golpes anímicos en Europa. La eliminación ante el Chelsea para el Barça, y la final de la Europa League para el Athletic. Antes del pitido inicial la ilusión será la gasolina tanto para culés como para los leones, sin embargo el equilibrio emocional del choque parece frágil. Veremos como responden los equipos al primer golpe. Por eso, seguramente los dos técnicos desaten a sus equipos. Sólo habrá un objetivo, atacar, y el camino será no reservarse nada. Vaciarse de fútbol, exponerlo todo, concéderselo todo al juego. De Bielsa lo sabemos, de Pep lo suponemos. El Athletic saldrá a atacar con todo y el Barça responderá con la misma moneda. Puede ser la final y el final soñados.

Temporada 2011-12. Jornada 6. Barça-Atlético de Madrid: 5-0

Valdés; Alves,Mascherano,Abidal; Busquets, Xavi, Thiago, Cesc; Pedro, Messi y Villa.
Cada temporada, Guardiola ha tenido preparada una sorpresa en forma de innovación táctica, y esta fue el 1-3-4-3. Ya en el primer partido de Liga, ante el Villarreal, Pep asombró con una alineación con un sólo defensor: Abidal. Debido a los procesos de recuperación de Piqué y Puyol, junto a Abidal formaron Mascherano y Busquets  completando una línea de tres inédita. El inicio de Liga de Guardiola fue toda una declaración de intenciones. El 1-3-4-3 se repitió en semanas posteriores pero la cima en su aplicación llegó en la jornada 6, cuando el Atlético de Madrid de Manzano visitaba el Camp Nou. En verano, los colchoneros habían perdido al Kun Agüero pero a cambio llegaron Diego Ribas, Arda Turan o Falcao. También estrenaban técnico, un Gregorio Manzano que en su regreso al Calderón apostó por un esquema 4-3-3 en el que reforzaba la media con el trivote Gabi-Mario Suárea-Tiago. Por delante, junto a Falcao, dos de entre Reyes, Diego o Arda Turan, partiendo de la banda pero buscando siempre el carril central. La amplitud era misión de los laterales, pero en el Camp Nou, éstos fueron ocupados por Perea y Antonio López. Ante el Barça, pues, el Atlético atacaría por dentro y ahí, la defensa de tres, permitía a Guardiola sumar otro hombre en la media.

 

Temporada 2009-10. Jornada 35. Villarreal-Barça: 1-4

Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Maxwell; Busquets, Xavi, Keita; Pedro, Messi y Bojan.
La segunda temporada de Guardiola arrancó con un nombre propio, Zlatan Ibrahimovic. El sueco había llegado para sustituir a Eto'o, en un movimiento con el que Pep buscó un delantero más afín a plan. Criado en el Dream Team que tenía a Bakero como pivote de espaldas a portería, y fascinado por el Ajax de Van Gaal y los Litmanen, Kanu o Kluivert, no es difícil entender la decisión de Guardiola. Pasaron las semanas, y si bien Zlatan sumaba en ese juego de espaldas a portería que perseguía el técnico con su contratación, su juego penalizaba al equipo en otras áreas. El principal déficit del Barça con Ibrahimovic en el once, era la falta total de profundidad. Con Eto'o en el Inter y Henry desaparecido tras la final de Roma, Guardiola tuvo que buscar alternativas. Primero fue el descubrimiento de Pedro y más tarde la adopción del 4-2-3-1 como esquema de partida, con Xavi y Busquets en la base, Messi con libertad por detrás de Ibrahimovic, Pedro en banda derecha e Iniesta en la izquierda con Keita y Maxwell como alternativas a las constantes lesiones del manchego. Esto duró hasta la eliminación ante el Inter de Milán. Tras el partido ante los italianos, el Barça visitaba al Villarreal, a falta de cuatro jornadas para terminar la Liga, con la obligación de ganar los tres puntos ante la regularidad del Madrid de Pellegrini. Zlatan saltó del once y el equipo recuperó el 1-4-3-3. Bojan, hasta entonces prácticamente relegado a los partidos de Copa, se hizo con la plaza del sueco, y en ese final de Liga, seguramente firmó sus mejores partidos con la camiseta azulgrana.

  Transitar. Se va Guardiola, el arquitecto del mejor Barça de la historia, tras cuatro temporadas que los culés no olvidarán nunca. Pero lo que debía ser una jornada de incertidumbre, de vacío, de pérdida, se convirtió en la representación de la continuidad. Llega Tito Vilanova. De hecho no llega porque no estaba fuera. El relevo pasa al segundo entrenador. Transitar sin desplazarse. Así titulábamos nuestro primer post analizando la planificación de la próxima temporada, y no se nos ocurre un título más adecuado para describir lo acontecido en el club el pasado viernes.

El Barça afronta la última etapa de la semana más decisiva de la temporada. La semifinal de Champions ante el Chelsea antes y después del partido que decidía la Liga, y por el momento, un saldo muy negativo. Los de Guardiola fueron superiores al equipo inglés e inferiores a los de Mourinho. Pudieron ganar ambos partidos, pero perdieron los dos. Adiós a la Liga y la necesidad de dar la vuelta al 1-0 de Stamford Bridge. El Barça sigue siendo el favorito. Tiene mejor equipo, fue superior en la ida y el escenario será el Camp Nou. Eso sí, cargará a sus espaldas con los dos últimos resultados negativos. De cara al partido ante el Chelsea, la mejor noticia para el Barça sería que tras ver el partido del sábado, Di Matteo crea que puede emular al Madrid. Los londinenses no tienen ni equipo ni jugadores para hacerlo. Teniendo en cuenta el resultado de la ida, la tentación podría ser esa, volver a parapetarse delante de la portería de Cech y que Drogba pelee contra los centrales culés tras recuperación. Pero lo cierto es que repitiendo planteamiento el Chelsea estará al borde del precipicio. De entrada, porque Messi vivirá infinitamente más cómodo con la pareja Cahill-Terry que con la del Madrid. Tras las pruebas del clásico, lo normal es que Guardiola vuelva a un equipo con menos sorpresas. La batalla final la jugarán las vacas sagradas. Es posible que vuelva Piqué pese al extraordinario partido de Puyol en la ida que volvería al lateral, pero con Gerard se añade salida desde atrás y la posibilidad de esas condiciones que tanto bien hacen anímicamente tanto al equipo como a la grada. Sumar centímetros siempre que se pueda, además, será un detalle a tener en cuenta ya que es posible que las opciones del Chelsea se reduzcan a las jugadas de estrategia. Torres es el hombre para Di Matteo, pero no lo esperamos de inicio.

Demasiado difícil. Toda la temporada ha sido demasiado difícil para el Barça que en pocos tramos ha encontrado la fluidez, la comodidad el "que salga solo". Primer año de transición. Se apaga Xavi y el equipo crecerá en otra dirección. El objetivo ha sido seguir compitiendo en ese tránsito. El nivel extraordinario de la plantilla y del entrenador le han valido para estar vivo hasta el final en las tres competiciones, pero todo ha costado mucho, no sólo por el rival. Una dificultad que sobre el césped ha tenido su traducción más evidente en las pérdidas de balón. Anoche, otra vez, esas pérdidas de balón lastraron el juego del equipo, tanto en lo futbolístico como en lo anímico. 

Los dos equipos llegan después de sendas derrotas en la ida de las semifinales de Champions League. Pese a ello, sus opciones de superar la eliminatoria, siguen intactas. En medio de la batalla por alcanzar la gran final de Münich, un gran clásico que puede resultar decisivo para la resolución de la Liga. Lo será si el Barça no consigue la victoria, pues tanto el empate como la victoria madridista, a priori, sentenciarían el campeonato. Mourinho, pues, a la hora de plantear el partido, contará con el colchón del empate. No obstante, su principal baza serán los últimos partidos del Barça ante Levante y Chelsea. En ambos, el rival ha entregado a los azulgranas el discurso y Xavi no ha logrado imponerse desde él. Hasta ahora, darle al Barça “su partido” implicaba ser aplastado, pero las dos últimas veces que se ha visto en ese escenario, no ha sido así. El gran problema de Mourinho cuando se ha enfrentado al Barça de Guardiola ha sido que debía escoger entre discutirle el discurso al Barça o en defender a Messi. El portugués lo ha probado todo, y en la gran mayoría de casos ha perdido. No hay elección buena. O te enfrentas al mejor equipo de la historia o te expones al mejor jugador de la historia. No obstante, Levante y Chelsea sobrevivieron al Barça. Sin duda es una decisión difícil de tomar, por el mensaje que se lanza a la plantilla después de las bunas sensaciones que ofreció el Madrid en el Camp Nou en la Copa del Rey, pero Mourinho puede optar por ese camino. No mandar la presión arriba para evitar generar espacios para Messi, y cerrar atrás confiando que Xavi siga sin encontrar su punto. No defender la salida, sino la recepción en zona de mediocentros. No discutir el discurso sino defenderlo. Dejar que el Barça sea el Barça porque desde ahí no se ha impuesto últimamente, pero evitar a Messi.

Ayer analizábamos el posible planteamiento de Guardiola para medirse al Chelsea, y las opciones de respuesta de Roberto Di Matteo. La defensa a Messi, el papel de Ramires, la posibilidad del trivote, la elección entre Obi Mikel o Essien, la posición de Mata... Sin embargo, no nos ocupamos de una demarcación en el planteamiento blue, la de nueve, sobre la que hablaremos hoy. Fernando Torres o Drogba. Una decisión que definirá la transición ofensiva del conjunto londinense y la respuesta del sistema defensivo azulgrana. Didier y Fernando son diferentes, aunque con ambos el Chelsea utilizará el contraataque como vía para llevar el peligro a la portería de Víctor Valdés. Con el marfileño el camino será el juego directo buscando que el punta baje el esférico y dominar la segunda jugada. Para conseguirlo, Di Matteo buscará situar a muchos hombres cerca del posible rechace. Lampard, Meireles, Ramires y Mata para ganar el balón dividido y pisar área llegando desde atrás. Si el elegido es Fernando, el objetivo será también activar a la segunda línea, pero el camino será distinto. Los desmarques dentro-fuera del español a la espalda de los laterales azulgranas que obliguen a abrirse a los centrales, en un planteamiento similar al de Mourinho en la final de Copa de la pasada temporada con Cristiano Ronaldo ejerciendo de nueve. Abrir el espacio interior para que los jugadores de segunda línea, lanzados, castiguen a un Busquets en inferioridad.

Cinco semifinales consecutivas, seis de las últimas siete, y como si de rendir un homenaje se tratara, el Barça retoma la Champions con el enfrentamiento por excelencia de la última década en Europa. Barça y Chelsea renacieron casi a la vez, uno de la mano de Joan Laporta y Txiki Beguiristain y el otro de Roman Abramovich. Los primeros duelos en ese renacimiento de dos clubs centenarios fueron con Rijkaard y Mourninho en los banquillos. Fueron los enfrentamientos de la Gallina Maxi, del duelo Messi-Del Horno, de la pareja Terry-Carvalho, de los goles de Eto'o y Ronaldinho, de las contras de Duff y Robben, de Deco, de Lampard, de Gallas, de Motta... Duelos que ya son historia de la Champions. Pero sin duda, el partido más recordado se vivió ya con Guardiola en el banquillo azulgrana, y con Hiddink en el blue, en ese partido de vuelta de las semifinales, la temporada del triplete, que decidió el histórico gol de Iniesta en el último suspiro. Tres temporadas más tarde, la Champions vuelve a auto-homenajearse con la reedición de ese duelo. El Barça, que por aquel entonces asentaba las bases de un ciclo triunfal, llega al encuentro tras coleccionar títulos, elogios y la admiración del mundo del fútbol en los últimos años. El Chelsea, por su parte, parece haber vuelto al mismo punto que entonces, a la búsqueda de un nuevo proyecto que pueda dejar atrás el recuerdo de los triunfos de Mourinho. La apuesta parecía fuerte por Villas Boas, pero la propuesta del ex del Oporto, que caminaba contraria a la tradición más inmediata de los éxitos del conjunto inglés, no cuajó y el inexperto Di Matteo tomó las riendas del equipo.

En la recta final, cualquier resbalón equivale a decir adiós a la Liga, y tanto a Barça como a Madrid les está castigando jugar después que su rival. El equipo de Guardiola saltó al terreno de juego conociendo la victoria del conjunto blanco. Sólo les valía ganar. De lo contrario, el clásico de la semana que viene perdería casi toda trascendencia. Esa presión, ese vértigo ante el abismo, se notó tras el gol del Levante. Antes del gol el Barça había estado bien. Llegando con relativa facilidad y creando alguna que otra ocasión de gol. El planteamiento del Levante entregaba las bandas en defensa. Los laterales, Juanfran y Pedro López, defendían estrechos encerrando a la zaga del Levante en el ancho del área grande. Guardiola, no obstante, había salido con el 3-4-3 y dos extremos claramente abiertos en banda. El Levante regalaba las bandas pero el Barça no. Sin embargo, los ataques del Levante sí eran anchos, a tres carriles. Valdo por la derecha, Botelho por la izquierda y Koné por el carril central, castigaban la transición defensiva culé en defensa de tres.