Entrenadores

Si algo se puede achacar a este inicio del proyecto Vilanova, y la mayoría estaríamos de acuerdo, es el poco aprovechamiento de los extremos. Su rol es secundario y prácticamente se limitan a fijarse en banda para abrir el campo. No se pretende potenciar sus virtudes, pues ninguno de ellos sobresale pegado a la cal, y es sintomático que el extremo que más rendimiento ha dado cumpliendo ese papel, haya sido Tello, el de un nivel menor de cuantos están a la disposición del técnico. Anoche, no obstante, durante la primera mitad, tanto Pedro como Alexis fueron las vías por las que el equipo encontró ventajas que le permitieron irse al descanso en ventaja. A nadie se le escapa que ayer, en el primer tiempo, el Barça pisó más área de lo que viene siendo habitual. Y es que tanto Pedro como Alexis desarrollaron un comportamiento distinto al mostrado hasta ahora.

El mejor Benfica de los últimos años se vio en la temporada 2009-10, en la que los hombres de Jorge Jesús se hicieron con un título de Liga que parecía que ya sólo pertenecía al Porto. Aquel fue un equipo ciertamente estimulante con nombres que hoy figuran en algunas de las plantillas más potentes del planeta. David Luiz y Ramires volaron a Stamford Bridge, y a las islas les siguió el español Javi García para enrolarse en el acaparador Manchester City. La banda izquierda de las águilas, formada por Coentrao y Di María, puso rumbo al Madrid de Mourinho. También han dejado da Luz Saviola, que por aquel entonces formaba pareja atacante con Cardozo, y Witsel, que no ganó esa liga con el Benfica pero que posteriormente se convirtió en una pieza fundamental en el conjunto que entrena Jorge Jesús.

Tito Vilanova lo tiene claro: se le ha presentado una oportunidad única y va a ir a por ella. Situados en la casilla de salida, esta temporada se presentaba durísima para el nuevo técnico. Sustituir a la última gran leyenda del F.C.Barcelona y enfrentarse a la vez, a un poderosísimo rival y al recuerdo de las mejores noches del Pep Team. Pero por suerte para el de Bellcaire el Real Madrid de Mourinho en las 4 primeras jornadas se dejó 8 puntos por el camino. Con este escenario, el clásico de la semana que viene se presenta como una oportunidad única. Ocho puntos son muchos, y más de diez, como sucede en baloncesto, un golpe moral notable. Vilanova tiene al alcance de los dedos conseguir, quizá no un título, pero si crédito, tiempo y tranquilidad, algo importantísimo pues no debemos olvidar que estamos en un primer año de proyecto en un equipo en el que deben cambiar cosas. Antes, no obstante, el equipo se enfrentará a una dura piedra de toque tras el mal sabor de boca de las victorias ante el Spartak y el Granada. El Sevilla de Míchel, invicto hasta la fecha, será la clave que marque la trascendencia del próximo Barça-Madrid.

Temporada 2009-10. Cuartos de Final de la Champions League. Arsenal-Barça: 2-2

Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Maxwell;Xavi, Busquets; Pedro, Messi, Keita, Ibrahimovic.
La temporada 2009-10 seguramente sea la de menos nivel del Barça de Guardiola. La caída física de Henry y Márquez, las continuas lesiones de Andrés Iniesta y la llegada de Zlatan Ibrahimovic fueron las claves para explicar el cambio. Los mayores problemas del equipo: la falta de profundidad sin Eto'o ni Henry y la difícil convivencia -futbolística- de Ibra y Messi. Llegado el verano, Guardiola actuaría decisivamente, pero hasta entonces tocaba competir, en la Liga con un Madrid que obligaría a alcanzar los 99 puntos, y en Champions con el horizonte de una final en el feudo del máximo rival. La final del Bernabéu quedó a un paso.

Sin Iniesta lesionado y con Xavi partiendo desde el banquillo descansando tras varios partidos seguidos en sus tobillos, Vilanova optó por situar a Cesc y Thiago en los interiores. Una pareja interesante y estimulante que sin embargo naufragó. La prévia estuvo focalizada en el centro de la defensa. En Bartra y Song. Pero con el balón en marcha, la clave estuvo en la media; en los interiores, el perfil que cada uno ocupaba y en la pareja que ahí encontraban. Y si clave fueron los interiores titulares para explicar el partido, igualmente clave fue el interior que entró desde el banquillo, Xavi, y la pareja que le acompañó. Este post, pues, servirá para hablar de los tres binomios interior-extremo que pudimos ver en el césped del Camp Nou ante el Granada, y permitirá cuestionarnos, analizar y quizá anticiparnos a futuros movimientos.

Detrás del mediocentro, los centrales del Barça en este inicio de temporada están sufriendo. De hecho no es nuevo, pues gran parte de la temporada pasada, los problemas en transición defensiva fueron notorios. Es el problema de querer comparar insistentemente al Barça de Vilanova con el de Guardiola y no tener en cuenta los diferentes momentos que forzosamente existieron en un ciclo tan largo como el de Santpedor. Partiendo de que no es algo nuevo, los inicios del proyecto Vilanova sirven para constatar que el equipo sufre demasiado en fase defensiva. Por simplista que sea, sólo hay que ir a la estadística de tarjetas vistas por los centrales para comprobar que el panorama para la zaga no está siendo para nada cómodo. La presencia de dos laterales ofensivos, los problemas a la hora de sacar el balón ante una presión adelantada, el progresivo declive de Xavi y por lo tanto de la defensa con balón...el escenario para los centrales ha cambiado.

Temporada 2008-09. Final de la Champions League. Barça-Manchester United: 2-0
Valdés; Alves, Touré Yaya, Piqué, Silvinho; Busquets, Xavi, Iniesta; Eto'o, Messi y Henry.
No pocas veces hemos escuchado la tan manida sentencia "las finales no se juegan, se ganan". Lo cierto es que acostumbra a suceder que las mejores actuaciones se vean en el partido definitivo. Los nervios, la tensión, la igualdad entre dos colosos, el poco riesgo ante lo decisivo de los errores... provocan que por lo general, en las finales haya más emoción que fútbol. En eso, el Barça de Guardiola también fue diferente. No resulta arriesgado afirmar que ningún equipo en toda la historia ha jugado mejor las finales que ha disputado. Cuando más grande era la cita, a más alto nivel rallaban los azulgranas. La primera fue en Roma, y nunca antes, ni el Barça de Pep ni su máxima estrella Leo Messi, habían alcanzado el nivel que exhibieron en la ciudad eterna.