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Cristiano Ronaldo

Los Barça-Madrid de las últimas temporadas son ya de la historia. Por todo. Por la rivalidad de dos colosos, por enfrentar a dos cracks de las dimensiones de Messi y Ronaldo y por rodearlos a ambos de una pléyade de

 
3- Pedro + Alexis:
Es evidente que el partido de esta noche viene marcado por las ausencias en el Madrid. No estará Casillas, ni Di María, ni la pareja Ramos-Pepe, ni Coentrao. Quien si estará es Marcelo, pero llega más que justo. Con Coentrao disponible no habría dudas. Tampoco sin el rival fuera otro. Pero Mourinho tiene lo que tiene y jugársela ahí con Essien parece demasiado temerario teniendo en cuenta los acompañantes que tendrá. En el ataque azulgrana, todas las miradas estarán puestas en Messi y la efervescente banda izquierda de Alba, Cesc e Iniesta. También el sistema defensivo blanco. Por eso, en la posición del maltrecho lateral brasileño, al Barça se le abre una nueva posibilidad de desequilibrio. 

   

Prefacio: Las dos caras de una decisión perfecta

  Al finalizar la temporada pasada el F.C.Barcelona tuvo que enfrentar una situación que esperaba que nunca llegara. Pep Guardiola, tras cuatro años entrenando al primer equipo y uno al filial, decidía parar, detenerse, subir a la superficie a respirar. Se avecinaba un momento traumático, la creación de una frontera entre un pre y un post. Prácticamente todo el mundo coincidía en que la decisión sobre su sustituto debía ahondar en la senda de la idea y el modelo que Pep había llevado a la excelencia, pero todo el mundo, también, daba por sentado con resignación que se iniciaba un nuevo ciclo. Sin embargo, la dirección deportiva sorprendió con una decisión genial: la designación de Tito Vilanova, asistente de Guardiola, para tomar las riendas del equipo. No sólo se subrayaba por partida doble la idea y el modelo, sino que además, con la decisión tomada, se calmaban los temores escenificando una continuidad en el proyecto insospechada dada la situación. Transitar sin desplazarse. El equipo empezaba un proceso de renovación, pero se conseguía diluir la incertidumbre, la sensación de cierre de un momento histórico, de paso a una nueva etapa, de pérdida traumática. La suficiencia como técnico de Tito Vilanova la conocían los de dentro, los encargados de tomar la decisión. De su capacidad para llevar el vestuario, tras cuatro años siendo mano derecha de Guardiola, pocas dudas podía haber. El vestuario estaría con él. Era “uno de los nuestros”.

Hubo un tiempo en el que se consideraba a Cristiano Ronaldo un jugador de grande ante los pequeños, y pequeño ante los grandes. Hoy ya nadie osaría respaldar tal afirmación. El cuerpo técnico del Barça, no obstante, obviamente jamás se creyó eso. Primero Guardiola y después Vilanova, han preparado sus enfrentamientos ante el siete blanco con planteamientos específicos. En la etapa de Pep Guardiola en el banquillo blanco, fue recurrente la utilización de la doble marca. En ocasiones presentando un doble lateral derecho con Alves en la posición de extremo, otras decantando a Carles Puyol como central al perfil por donde se movía Ronaldo.

Hay dos circunstancias en las que visualizar el próximo partido se convierte en especialmente difícil para un entrenador: el inicio de temporada y cuando el rival estrena técnico. Por esto, tanto en el planteamiento de Mourinho como en el de Vilanova, pesará más lo propio que lo ajeno, sin dejar de lado, eso si, el pasado reciente de los duelos Barça-Madrid. Aún más complicado lo tiene el analista externo. Mourinho desconoce los planes de Tito pero sí sabe que quiere de su Madrid. Lo mismo ocurre con Vilanova. Nosotros, sin embargo, lo desconocemos prácticamente todo.

Si en el partido de Liga al Madrid le castigó el hecho de salir a jugarle al Barça de tú a tú, sin plantear el partido como respuesta a los azulgranas y sin atender a la inevitable sentencia a jugar sin el balón a que el equipo de Guardiola somete a todos sus rivales, esta vez Mourinho optó por su cara más conservadora. Sobrevivir al rival y tratar de aprovechar alguna de las oportunidades que brindara el choque. Ya quedaría la vuelta para tratar de llevarse la eliminatoria. La idea es simple: al Barça es más probable superarlo a partido único que a dos partidos, por lo que llevar la eliminatoria a eso no hubiese sido una mala noticia. Reforzar la media con un trivote en el que se incrustaba Pepe, Altintop en el lateral para mantener a Lass en la media, Coentrao para desterrar las imprevisibles concesiones defensivas de Marcelo y arriba la entrada de Higuaín para sumar ese gol "de la nada" que pudiese poner en ventaja al Madrid en la eliminatoria. Todo movimientos que supeditaban la transición ofensiva a la defensiva. Decisiones, cada una de ellas, que ponía un nuevo palo en las ruedas del Madrid a la hora de construir juego, pero que a cambio le permitían un planteamiento y unos nombres, a priori, más eficaces para defenderse del Barça. Mourinho no planteó el partido a discutirle el discurso del partido al Barça, sino a sobrevivir a él. También Guardiola jugó con el formato de la competición, sabiendo que con la vuelta en el Camp Nou, saliendo con un marcador ajustado del feudo blanco, su equipo lo tendría todo de cara para plantarse en semifinales. Así pues Pep volvió a la defensa de cuatro -aunque a lo largo de este texto haremos alguna consideración al respecto importante para analizar el partido- y devolvió el timón a Xavi. Horizontalidad por encima de verticalidad, limitar el intercambio de golpes, menos ataques pero más largos. Defenderse mientras se ataca, que no defenderse atacando.

Una de las sorpresas del clásico de Liga fue que Mourinho se mantuviera fiel al 1-4-2-3-1 que viene utilizando el Real Madrid, y no optase por reforzar la media con la incursión de un tercer centrocampista en un 1-4-3-3. El técnico portugués seguramente prefiriera reforzar la confianza del grupo al no plantear el choque como respuesta a su rival, pese a que con ello no tomara medidas ante un elemento clave para entender los enfrentamientos Madrid-Barça: el balón será de los azulgranas. De este modo, los merengues, encaran sus partidos contra los culés partiendo de un escenario distinto al que dibujan sus choques contra cualquier otro rival. Ante el Barça, el Madrid se ve forzado a desnaturalizarse. Mourinho buscó imponerse desde su discurso habitual, pero visto el resultado de entonces y el hecho de que ahora quedará un partido de vuelta en el que arriesgar si es preciso, apostaríamos porque esta vez sí, el técnico blanco piensa en introducir a un interior más. 

Llegaba el Madrid sintiéndose superior al Barça. Un inicio de temporada arrollador unido a algunas dudas en los azulgranas, provocaron que para los jugadores del Madrid el partido se viese como la oportunidad de demostrar el cambio de tendencia y demostrar que, ahora, el equipo referencia era el blanco. Seguramente Mourinho supiese que no era así, que ante los de Guardiola el Madrid de la posesión se ve obligado a desnaturalizarse. No obstante, ante unos jugadores hasta hace poco acomplejados por el Barça y que ahora se creían superiores, la recuperación del 1-4-3-3 para jugar "a defenderse", seguramente habría sido un mensaje muy desmoralizador para unos jugadores que ahora si sentían que podían aguantar la mirada al equipo de Guardiola. Mourinho, pues, aceptó enfrentarse al Barça de igual a igual. Quizá porque en su rival todo eran incógnitas: esquema, nombres y posiciones. Si acaso una única concesión, la presencia al lado de Xabi Alonso de Lass Diarra, para sumar trabajo defensivo por detrás de Alonso ante la inferioridad numérica en la media que concedía el 1-4-2-3-1 merengue.

Como vimos en el post de ayer, esta temporada Mourinho ha construido un equipo para mandar desde la posesión. Ya la temporada pasada el conjunto blanco acostumbraba a tener más posesión que sus rivales. Sucede, no obstante, que en sus enfrentamientos contra el F.C.Barcelona, el Madrid se ve obligado a desnaturalizar su juego, ya que cuando juegan los azulgranas, el balón siempre es propiedad de éstos. El rival podrá alargar más o menos sus fases con balón, pero el dominio de la posesión, si los azulgranas rallan a un nivel normal, será del Barça. Eso no quiere decir que forzosamente el Barça deba dominar el partido, pues el rival tiene la oportunidad de imponerse desde el juego sin balón, lo que sucede es que, como en su día hicieron -cada uno a su nivel- Arsenal, Villarreal o Shakhtar , el Madrid no tendrá más remedio que mutar a algo distinto a lo que viene siendo esta temporada. Mismos principios generales, reproducción de algunos de los automatismos básicos en el juego y la mayoría de jugadores habituales, pero una premisa distinta, el balón será del Barça.

La temporada pasada nos brindó hasta cinco enfrentamientos entre F.C.Barcelona y Real Madrid. En ésta, los de Guardiola y Mourinho ya se han visto las caras en la Supercopa de España, pero debido a las fechas en las que esta competición se disputa, nos resultará mucho más útil volver la vista atrás hasta la temporada 2010-11. La primera vez que Pep y Mou se vieron las caras al frente de los dos grandes de la Liga, fue en el 5-0 del Camp Nou. Como evidenció el marcador -y aún más el juego- el Barça fue el absoluto dominador del partido y superó en todo al Madrid. En ese partido, pudimos ver repetida una constante cuando Guardiola se ha enfrentado a Cristiano Ronaldo, como es la doble marca al portugués. Ya sea planteando un doble lateral derecho o -lo más habitual- el apoyo interior de uno de los centrales, Pep siempre ha repetido este planteamiento cuando Ronaldo ha actuado en banda. Formando con la pareja de centrales Piqué-Puyol, siempre ha sido el capitán el encargado de esa doble marca junto al lateral, de manera que el técnico no ha dudado en intercambiar el perfil de los centrales dependiendo de la banda que ocupase Ronaldo, incluso con el partido en marcha.