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Raúl

Llegado el parón navideño es el momento para que los entrenadores se detengan a analizar la situación de sus equipos, evalúen y fijen nuevos objetivos a conquistar, y diseñen una estrategia para lograrlo. En los casos en los que el trabajo a lo largo de los primeros meses de competición se ha traducido en buenos resultados, deberán tratar de seguir la misma línea, fomentando las dinámicas que han hecho posible el éxito y fortaleciendo las estructuras sobre las que éste se ha sustentado. A la vez, gracias al margen de maniobra que da la confianza por los buenos resultados, será el momento de marcarse nuevas consecuciones tanto a nivel individual como colectivo que permitan crecer en lo futbolístico al grupo en su conjunto. En el lado contrario, en los casos en que el rendimiento del equipo no ha sido el deseado, es el momento tanto de analizar las causas como de encontrar soluciones, e incluso dependiendo de las circunstancias, cabe la posibilidad de que éstas obliguen a reconsiderarse los objetivos marcados al inicio de temporada. Este es el caso del Real Madrid. El equipo merengue, a doce puntos de la cabeza de la clasificación -faltándole aún el partido ante el Villarreal para completar el Tourmalet- y fuera de la Copa del Rey, se encuentra con que la Champions es posiblemente la única tabla de salvación, si no para la temporada, si para la junta directiva y veremos si para el nuevo técnico. El nuevo objetivo del equipo blanco, pues, debe ser llegar lo más lejos posible en la máxima competición europea, ya que imaginarse a un Madrid fuera de la lucha por los títulos desde febrero, es encontrarse a una institución a la que la temporada se le puede hacer muy larga, con un clima prácticamente insostenible y un referéndum a la figura del presidente en cada partido disputado en casa. Así pues, el poder alargar la participación en Champions lo máximo posible, serviría para ofrecer al aficionado algo con lo que ilusionarse y continuar remando a favor.

Dos equipos en situaciones diametralmente opuestas, realidades futbolísticas muy alejadas, aficiones antagónicas en cuanto a ilusión y dos dinámicas que nada tienen que ver la una con la otra. A priori, el signo en la quiniela estaría claro, pero eso no sería un clásico entre Barça y Madrid. El clásico, el partido por antonomasia de nuestra liga en que se enfrentan los dos conjuntos más grandes de la historia de la competición y dos de los equipos más admirados y laureados a lo largo de la historia del balompié, siempre es un choque especial donde se congelan las circunstancias de cada equipo, se renueva el entusiasmo de la grada y el fútbol adquiere su cara más mágica deparando encuentros de sorprendente desenlace y fuera de toda lógica. No hay duda de que el Barcelona afronta el choque como el máximo favorito gracias al crédito que por juego y resultados ha cosechado hasta le fecha, pero en frente no habrá un rival cualquiera, sino que esperará un Madrid herido, más inestable imposible pero con la necesidad de reclamar su condición de aspirante al título. Una victoria culé alejaría a los blancos a doce puntos, una distancia que pese a que todavía queda más de una vuelta por jugarse, visto lo que han ofrecido unos y otros en lo que llevamos de temporada, se presume muy difícil de recuperar. En cambio, de dar la campanada en el Camp Nou, el Madrid recortaría hasta los seis puntos -con el partido de la segunda vuelta en el Bernabéu aún pendiente-, volvería a activar la dinámica positiva, se renovaría la ilusión del madridismo y el proyecto de Junade Ramos recibiría una inyección tremenda.

Mismos problemas pero diferente resultado. La victoria contra el Recreativo no debe variar el planteamiento del cuerpo técnico, que no es otro que el de dar la vuelta a una dinámica tremendamente negativa. Como comentamos en el artículo anterior, la situación real del equipo no responde al catastrofismo que flota en el entorno blanco, pero si es cierto que como resultado de la pérdida del futbolista que vertebraba todo el juego del equipo, el Madrid debe vivir un proceso de refundación, debe crear un nuevo equipo. Para lograrlo, lo que precisa el cuerpo técnico es, sobretodo, tiempo, algo que hoy por hoy no puede pedir ya que la convulsión institucional del Madrid hace que se exijan resultados de manera inmediata sin dejar lugar a un proceso mediante el cual Schuster pueda volver a ensamblar las piezas y confeccionar un nuevo equipo que viva más allá de los automatismos que definieron al equipo con Robinho. Puesto que esta vía es utópica, no nos detendremos en ella por el momento y, en todo caso, a final de temporada, cuando encaremos la planificación merengue, de ser necesario ya abordaremos las líneas maestras en la construcción del nuevo proyecto. No obstante, ahora mismo el objetivo de Schuster y su cuerpo técnico debe ser buscar el rendimiento inmediato, por lo que lo más recomendable es que manteniendo la estructura básica y el funcionamiento del Madrid de la pasada temporada, introduzca las variaciones que equilibren la marcha de Robinho. Evidentemente es una solución "parche", pero Schuster no puede aspirar a mucho más ya que la situación del técnico alemán es la de vivir al filo de la navaja, y lo más recomendable para lograr resultados de manera inmediata es reproducir el patrón de juego al que los jugadores ya están habituados.

Con la victoria ante el Atlético todavía fresca en la mente de los madridistas -que difícil para un entrenador preparar los partidos a conciencia cuando entre uno y otro se dispone de poco más de un día para trabajar-, los de Schuster viajan a Turín para enfrentarse a la Juventus y prácticamente sellar el pase a octavos en caso de lograr llevarse los tres puntos hacia la capital. La derrota, en cambio, apretaría mucho la pelea por el primer puesto- importantísimo ya que ofrece la oportunidad de disputar la vuelta de los octavos en casa-, que a la espera de lo que pueda decir el Zenit, el Madrid se disputará con el cuadro de Ranieri. No llegan los equipos en la misma situación ya que mientras los blancos marchan firmes en la Liga cumpliendo, por el momento, con las expectativas creadas al inicio de la temporada, la Juventus está sufriendo más de lo previsible para volver a asentarse en la élite después del Moggigate, y ya está a siete puntos del líder del Calcio, el Inter de José Mourinho. Futbolísticamente, con numerosas bajas como Buffon, Poulsen, Zebina, Andrade o Trezeguet, el fútbol desplegado hasta la fecha por la Vecchia Signora ha sido muy pobre, lo que provoca que la continuidad de Claudio Ranieri esté, cuanto menos, en entredicho. El técnico italiano utiliza un esquema 1-4-4-2 en que prácticamente los dos únicos caminos para llegar al gol son las jugadas a balón parado y el juego directo buscando la referencia del punta y la segunda jugada. Fuera de esto, el desierto. Con un mediocentro formado por Poulsen y Sissoko -el danés será baja ante el Madrid-, sin profundidad por bandas y con apenas Nedved y Del Piero como jugadores capaces de generar juego con el balón a ras de césped, la propuesta del equipo turinés resulta, durante numerosas fases del partido, realmente desoladora.

zenitPartido determinante el que se vivirá mañana en el campo del Zenit, ya que en un grupo que se presume tan apretado, ganar fuera de casa puede significar el pasaporte para octavos y una derrota como local quedar fuera. Por eso, pese a que se trate aún de la segunda jornada de la liguilla, el choque debe tomarse como decisivo para ambos conjuntos. Por un lado, el Zenit tras perder en su visita a Delle Alpi vería como una segunda derrota -esta en casa- le pondría muy difícil la clasificación, ya que una distancia de seis puntos respecto a Madrid y Juventus en un grupo tan igualado, sería una losa importante para los rusos. Los de Schuster, en cambio, de sumar los tres puntos afrontarían con mayor tranquilidad los enfrentamientos contra los italianos, y dando por seguros los tres puntos contra el Bate, -aunque un desplazamiento de esta naturaleza siempre debe tenerse muy en cuenta- situar una distancia de seis puntos respecto al equipo de Advocaat, sería un muy buen comienzo.

alves_robinhoLlegados a la fase decisiva de la Liga, cada partido resulta clave en un campeonato con todo por decidir. Ni las posiciones de descenso, ni la zona UEFA, ni los puestos de Champions, ni el campeón de Liga, parecen, hoy por hoy, tener un dueño claro. En la pelea por los primeros puestos de la tabla, el enfrentamiento entre el Real Madrid y el Sevilla que nos ofrece esta jornada, puede dar otra vuelta de tuerca a la competición. En el Santiago Bernabeu se darán cita, por un lado, un Madrid líder durante gran parte de la competición, pero que en lo que va de año, ha ofrecido un rendimiento realmente pobre, cayendo en octavos de final de la Champions League ante la Roma y reduciendo la ventaja de nueve puntos sobre su principal perseguidor, el F.C.Barcelona, que solamente el mal momento que atraviesa el equipo culé, hace que los blancos aún tengan margen de maniobra. En frente estará el Sevilla que después de una temporada un tanto irregular, marcada sin lugar a dudas por la trágica muerte de Antonio Puerta y la salida precipitada de Juande Ramos al Tottenham, en este sprint final, parece engancharse a la pelea por los puestos que dan acceso a disputar la próxima edición de la Champions League. En este contexto, pues, el partido del Bernabeu es un partido señalado para ambos conjuntos ya que, por un lado, en caso de un pinchazo del equipo de Schuster unido a una victoria del Barça ante el Betis, dejaría la lucha por el liderato en una distancia de uno o dos puntos, que confirmaría que el partido que decidirá el próximo campeón será el clásico del Bernabeu, mientras que en el caso de un tropiezo del Sevilla, tras caer la última jornada en casa contra el Atlético de Madrid, podría ver como se aleja de los puestos de cabeza quedando a ocho puntos de las plazas de Champions.

A.S. Roma: mexesLa Roma de Spalletti posiblemente sea el equipo menos italiano del Calcio, ya que cuesta recordar a un equipo italiano poco sólido en defensa, con un centro del campo que sobrevive sobre el filo de la navaja compuesto en muchas fases del partido por sólo dos hombres, que convierte a la Roma en un equipo partido en dos mitades, la que defiende y la que ataca, sin la presencia de un bomber, el clásico goleador italiano que tan bien personifican los Vieri, Inzaghi o Luca Toni, y con la participación de muchos futbolistas en fase ofensiva en un esquema flexible marcado por la situación del balón en que los delanteros italianos permutan constantemente sus posiciones en un ejercicio que, salvando distancias, recuerda al juego del Arsenal de Wenger. Habitualmente parte de un sistema 1-4-2-3-1 muy cercano al 1-4-1-4-1, con un triangulo defensivo formado por los dos centrales y el mediocentro defensivo que difícilmente pierde la posición, mientras que el resto de jugadores gozan de libertad para moverse sin ataduras.

El ataque del F.C.Barcelona: barçaFrente el Real Madrid, el equipo azulgrana será el conjunto que lleve el peso del partido con el rival esperando atrás para salir a la contra. Será importante, pues, no cometer errores en el pase en zona de construcción y evitar, a toda costa, el pase horizontal. Lo que debe buscar el equipo es un juego lo más directo posible hasta posiciones de ataque, y ahí sí, practicar su juego de combinación. En la salida desde la defensa, contar con Márquez te garantiza un buen inicio de la jugada, un apoyo para los organizadores y capacidad para romper la presión del rival con un pase en diagonal buscando al extremo izquierdo. Por delante, ni Gudjohnsen ni Touré son grandes organizadores, por lo que será imprescindible que hombres como Iniesta, en fase de construcción, bajen hasta el mediocampo para ayudar a generar juego ofensivo a Xavi o Deco.